"Condenado a la violencia", obra de Celia Sarobe.

Una historia entre tantas otras que hoy decido compartir. Un niño a sus cortos once años murió al incendiarse la casa donde vivía…. Estaba solo… Cuando tratan de buscarse las causas se escucha decir… Fue un encendedor, no se dio cuenta… estaría jugando… En realidad, lo habían dejado solo y él estaba en el baño, no se dio cuenta hasta que fue tarde.

 

En su historia hay escenas familiares de maltrato, momentos de situación de calle, pasaje por paradores, estadía en un amparo estatal y la ida temporal a un colegio en el cual quedó marcada su hiperactividad. Su mamá pidió ayuda, pero las normas institucionales de ese lugar llamado “amparo”, no permitían que accediera a un espacio de psicopedagogía pedido por su mamá. Por más que hubo quien apoyo el pedido, la respuesta fue “No, porque ya se van”. Y así fue, a las pocas semanas, pasado el tiempo normativamente estipulado se les consiguió una casa… casa donde quedó sólo… casa que se incendió…

 

Violencia… Simple y complejamente violencia. Hoy hablar de esa violencia que es moneda corriente, violencia familiar pese a los números de teléfonos y lugares donde se podría asistir… ¿para qué?, me pregunto. Violencia social que se vivencia cotidianamente y de la cual se habla de manera impersonal porque siempre es del otro y no quien habla. Violencia institucional que pareciera reducida a lo escolar, alumnos con cuchillos, padres que golpean docentes o docentes que maltratan alumnos, violencia hacia las mujeres, violencia de género. Pero también violencias hacia las infancias desde las instituciones que supuestamente están allí para cuidarlas.

 

Una vez más las clasificaciones llevan a generalizaciones cuyo efecto es la fragmentación de las escenas; si la violencia es escolar… “la culpa es de la escuela”; si es violencia familiar… “algo pasa en esa casa”; si es violencia social… “la gente está muy loca”; si es violencia de género…algo habrán hecho” …. La fragmentación lleva a des-responsabilizarse, como si la violencia no fuera solo violencia; simplemente violencia con lo complejo de la cuestión y de los entramados que se generan.

 

Hoy pienso en los niños… en los niños que llegan a este mundo indefensos y necesitando de adultos suficientemente estables y amorosos para poder crecer sanamente, en adultos que se responsabilicen por ellos y que no miren hacia otro lado… Tanto es así que ni rótulo tiene la violencia que se ejerce sobre ellos… Como si por el hecho de ser niños una “nalgada a tiempo evita futuros problemas”, “la letra con sangre entra”, o bien “son chicos, no se dan cuenta”… como si la violencia y la niñez de algún modo pudieran convalidarse por alguna perversa razón…

 

Silvia Bleichmar, "Crueldad es la indiferencia del otro". Video: Youtube OXI MECANO.

 

¿No fue violencia acaso en sus múltiples modos y escenarios la causa de lo sucedido en aquella casa…? Detenerse a pensar en la violencia es mucho más que sólo clasificarla, pensar y hacer algo sobre las escenas de violencia tal vez sería habilitar espacios para que desde la familia se encuentren nuevos modos de relación; para que la escuela pueda ver más allá de lo que se ve cuando un niño no puede para de moverse; para que la sociedad, es decir nosotros, cada uno de nosotros intervengamos haciendo una pausa donde pueda aparecer algo diferente respetando a los niños como sujetos de derechos; violencia en la institución donde fue alojado durante el tiempo que estipula la normativa vigente y luego desalojado en lo real…
Violencia…. Sólo violencia… Sino pregúntenle a ese niño... ¡ah no!… Ya no va a poder contestar.

 

 

Lic. Verónica del Castillo
Psicopedagoga. Prof. de Ed. Inicial y Superior.
Diplomada en Psicoanálisis y Prácticas socioeducativas
www.infancias.com.ar
IG @infancias.enjuego

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