Los devotos se encuentran a la vera de la ruta 123, a 250 kilómetros de la capital provincia y a ocho de la ciudad de Mercedes, donde debajo de un gran techado pintado de rojo se ubica la tumba de Antonio Gil.

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Como todos los 8 de enero, los fieles provenientes de distintas partes del país vuelven a participar masivamente del aniversario de la muerte de "El Gauchito", pese al intenso calor que se registra en la zona: 42 grados.

Los fieles comenzaron a llegar masivamente ayer en miles de automóviles particulares y cientos de colectivos, mientras que la policía provincial implementa desde el viernes un operativo con más de 250 efectivos para prevenir casos de inseguridad y coordinar el tránsito.

Salud, trabajo y otros problemas socioeconómicos que afectan en la sociedad son los temas por los cuales los promeseros piden milagro ante la tumba de Gil, para lo cual deben hacer primero largas colas en lugar.

Voceros de la organización Centro Cruz Gil, encargada de las celebraciones, manifestó su optimismo porque la cantidad de gente superará este año las 120 mil personas que asistieron en 2007.

La entidad también informó esta tarde que están agotadas las reservas hoteleras de la ciudad, mientras que se estima que miles de personas pasarán la noche a la vera de la ruta con improvisados lugares para dormir.

Para las autoridades correntinas, el lugar también es parte de la oferta turística que da la provincia, al tiempo que la imagen de Gil se convirtió en un símbolo de la esperanza de aquellos que creen que con él podrá solucionar distintas problemáticas sociales o individuales.

El predio, que es visitado durante todo el año por miles de promeseros, está rodeado de parrillas y puestos de ventas de artículos relacionados con esta tradición de un santo popular que aún no fue reconocido oficialmente por la Iglesia Católica.

La creencia de los correntinos en su imagen data de 1870, cuando Antonio Gil fue ultimado en el lugar por las fuerzas de seguridad en medio de un enfrentamiento político entre "colorados" y "celestes", que por entonces vivía Corrientes.

La población humilde lo recuerda como un justiciero de las causas populares, y el día de su muerte el sargento que lo degolló llevó la cruz hasta el predio y ese fue el comienzo de lo que comúnmente se llama "Santificación Popular".