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Pese a que las estadísticas indican que la temporada en la Costa Atlántica es mejor que la de 2007, el primer funcionario que se animó a “blanquear” la situación real fue el intendente de Mar del Plata, Gustavo Pulti, quien reconoció un descenso significativo en la demanda turística este año.

“En la segunda quincena de enero registramos un 4% menos de gente respecto a 2007”, puntualizó el mandatario y señaló que los altos precios espantaron a la gente. “En algunas de nuestras playas no se evaluó bien la oferta y se la ubicó por encima de lo que está al alcance de los argentinos”.

Dijo que los operadores inmobiliarios pidieron más de lo que el mercado estaba dispuesto a pagar por el alquiler de una vivienda y algo similar ocurrió con otros rubros, como carpas, sombrillas, gastronomía, etc. “Tenemos que indagarnos y hacer un repaso” de la situación para detectar los principales factores que determinaron la baja en el turismo, y por ende, en la actividad económica de la ciudad”, remarcó.

Para tener una idea, en el sur de Brasil se conseguía por la segunda quincena de enero un apart hotel para cuatro o seis personas por 200 pesos diarios a metros del mar. En Costa del Este, Partido de la Costa, se llegó a pedir 4.000 pesos por la misma quincena para una cabaña monoambiente de 30 metros cuadrados cubiertos a siete cuadras del mar. Mucha gente sacó números y optó por el más cálido, placentero y acogedor sur brasileño.

Estas declaraciones contrastan los números oficiales de la Secretaría de Turismo de la Nación que asegura que hasta el momento, el turismo creció un 5,9% con respecto a la temporada anterior.