El Fondo Monetario Internacional (FMI) emergió esta semana de las cenizas de la prosperidad global como el baluarte contra la crisis económica, tras la reafirmación de su papel por parte de los líderes mundiales.

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Los 20 países industrializados y en desarrollo respaldaron conceder 250.000 millones de dólares extra para incrementar los activos de reserva del fondo e inyectar liquidez en el estancado sistema financiero. La cumbre del jueves también se puso como objetivo más que duplicar los préstamos a conceder a países pobres, y aprobó el uso de una porción de las ventas de oro del FMI para ayudar a financiarlos.

El G20 no sólo aumentó la potencia del FMI para luchar contra el contagio global, sino que colocó a la institución de 185 naciones en el centro de lo que el anfitrión de la cumbre, el primer ministro británico Gordon Brown, llama un "nuevo orden mundial" basado en la cooperación internacional. Las decisiones de la cumbre representaron ese nuevo orden, en tanto China, India y otras potencias emergentes alcanzaron un acuerdo con el Grupo de las Siete potencias mundiales (G7) --Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos-- sobre una forma futura de resolver crisis económicas mundiales.

El FMI fue llamado a mejorar sus sistemas de alerta primarios para prevenir crisis antes de que éstas se extiendan a la economía mundial, en colaboración con el Consejo de Estabilidad Financiera, un sucesor reforzado del Foro de Estabilidad Financiera. El G20 también se comprometió a implementar reformas en marcha del FMI e instó a más cambios para que el organismo multilateral sea más transparente y más representativo de la economía globalizada.

El respaldo de la cumbre al FMI, metido en la crisis económica más devastadora desde la Segunda Guerra Mundial, marcó un hito para los países en desarrollo, que por mucho tiempo criticaron las condiciones crediticias del Fondo y se quejaron de que éste estaba dominado por el G7. Hace apenas un año que el FMI intenta reinventarse. Los países miembros aprobaron por unanimidad reformas en abril de 2008; sin embargo, todavía esperan aprobación a nivel legislativo.

El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, lanzó un programa de salidas incentivadas de empleados para enfrentar un déficit presupuestal debido a la menguada demanda de sus préstamos. Se esperaba entonces que se contendría la crisis financiera iniciada en el sector hipotecario estadounidense en agosto de 2007. Pero en septiembre de 2008 el banco de inversiones de Wall Street Lehman Brothers colapsó, desatando el peor caos financiero desde la Gran Depresión de 1930. "Ustedes verán que este es el principio de un creciente papel del FMI, no sólo como entidad crediticia de último recurso, no sólo como un pronosticador, no sólo como un consejero en política económica y su rol tradicional, sino también como proveedor de liquidez al mundo, que es finalmente, en último término, el papel de una institución financiera como la nuestra", dijo Strauss-Kahn.

Los analistas saludaron el generoso desembolso del G20 como un impulso a la estabilidad global y a los países en desarrollo. Uri Dadush, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, destacó que el G20 tenga en cuenta los intereses de los países en desarrollo, "los más probables beneficiarios del incremento de los recursos del FMI". Pero para muchos no debe derivarse más dinero al FMI hasta que éste no cambie sus políticas.

"Al Fondo le han dado un cheque en blanco, pero su reforma aún sigue siendo una promesa", dijo Duncan Green, de la organización contra la pobreza Oxfam International. India, por su parte, culpó parcialmente de la crisis al FMI por una vigilancia inadecuada de su parte sobre el sistema financiero global.

"El desequilibrio real en el funcionamiento del FMI ha sido que ha habido demasiada poca vigilancia de los asuntos de los países desarrollados", dijo el primer ministro indio Manmohan Singh en rueda de prensa tras la cumbre.