Un grupo de delincuentes debió ser dispersado a los tiros por un miembro de la Prefectura Argentina cuando intentaban asaltar a una persona que iba en su auto, en plena Villa 31 de Retiro.

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Lo curioso del incidente fue que en el lugar estaban cientos de cámaras de televisión, cronistas de radios emitiendo en vivo y los encargados de mantener la seguridad allí.

No obstante, un grupo de delincuentes que había salido de la Villa 31 se acercó hasta un automovilista que iba a bordo de un Volkswagen Gol para asaltarlo. Sin embargo, un prefecto se dio cuenta y, tras efectuar dos disparos al aire, hizo que los ladrones huyeran sin lograr su cometido.

Este episodio ocurre a horas de la violenta protesta efectuada por habitantes de la villa, que reclamaron por el crimen de una adolescente de 17 años, que fue asesinada por un efectivo de la Prefectura cuando ella quiso asaltarlo. También hubo otra joven herida, presunta cómplice en el hecho.

Los vecinos, en su mayoría jóvenes y adolescentes, incendiaron el puesto de Prefectura en el que se entregó detenido el buzo tras el hecho de la madrugada y pusieron en duda que realmente el implicado estuviera bajo arresto.

La violenta protesta obligó al despliegue de un grupo especial de la Prefectura, fuerza con jurisdicción en el lugar por tratarse de una zona portuaria.

La formación de un cordón de efectivos con cascos y escudos para contener a los revoltosos generó la ira de éstos, que apedrearon a los prefectos e incendiaron un par de automóviles abandonados y algunos neumáticos.

Gases lacrimógenos y balas de goma fueron arrojados para intentar dispersar a los jóvenes, que liderados por el novio de la chica herida, obligaron a varios repliegues del cordón a fuerza de piedrazos, al punto de destruir escudos y apropiarse inclusive de un par de ellos.

Los jóvenes improvisaron bombas molotov para arrojar contra los efectivos de la Prefectura, quienes recibieron el apoyo de hombres de la Policía Federal que se apostaron en las cercanías.