Primera vuelta en Colombia: certezas e interrogantes

Martes 27 de mayo de 2014
Si bien era previsible una segunda vuelta entre el candidato presidente Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, los resultados del 25 de mayo pasado dieron una importante victoria al candidato uribista, con unos 500 mil votos de diferencia entre ambos. Santos sacó uno de cada cuatro votos, alrededor del 25%, un porcentaje efectivamente bajo para un presidente en funciones. ¿Qué factores incidieron en este desenlace? ¿Cuáles son las perspectivas que se abren para el ballotage, previsto para el próximo 15 de junio?

Diversos analistas venían alertando sobre una merma en la proyección de votos de Santos luego de las elecciones legislativas en Colombia. Allí, en segundo lugar, había arribado el uribismo, que tras ese hecho que lo reposicionó en la agenda política, “polarizó” la campaña y enfrentó con mayor claridad a Santos. Con el eje principal puesto en la seguridad, Zuluaga subió hasta arañar los 30 puntos. ¿Qué lo diferenció de Santos? Sus ejes, al parecer, parecían ser más concretos –y cómodos para la oposición- que los del presidente, ensimismado en una retórica posiblemente más abstracta. Zuluaga trabajó sobre un sentido común conservador construido mediáticamente en lo referido a los diálogos de paz –“¿a qué costo vamos a dialogar con las FARC?”, fue su muletilla ante medios que suelen manipular la información sobre el conflicto armado-, lo que ayudó a correr el escenario más a la derecha.

Así, en el discurso post-triunfo el uribista siguió con el eje porque lo vió efectivo: “no podemos dejar que las FARC pretendan comandar el país desde La Habana”, dijo, en una declaración que se ajusta a un discurso mediático determinado: la demonización de la guerrilla en el conflicto armado que vive el país desde hace más de 60 años. Duda Mendonca, publicista brasileño que sin dudas “afinó” elementos de la campaña de Zuluaga, tiene mucho que ver con la operación de trabajar con ejes más concretos: desde que se hizo cargo de la campaña de Zuluaga, dio esa instrucción a la dupla Zuluaga-Uribe, que duplicó su intención de voto en sólo dos meses.

Otros factores, además, incidieron: en el “escándalo” entre comandos, y el show de la denuncia, Uribe demostró mayor capacidad de daño –y más conocimiento del territorio-. Él fue quien manejó ese rol, y no Zuluaga. Allí, la acusación sobre nexos entre J.J. Rendón y dinero proveniente del narcotráfico fue algo más eficiente que el video que involucraba a Zuluaga con el hacker Sepúlveda. Esto, a pesar que la denuncia del propio Uribe fue contra un ex asesor de él mismo –y que los hechos a los que hacía referencia fueron los de la campaña presidencial de 2010, cuando Santos era su “delfín”-. La “simbiosis” de Zuluaga y Uribe en campaña fue creciente: este filmó algunos de los spots de su “delfín” y, durante el discurso de Zuluaga tras la victoria, los medios colombianos mostraban en dúplex a su jefe político emocionado desde Medellín, siguiendo su –leído- discurso. Sin embargo, Mendonca supo construir dos perfiles que se complementaron: mientras Uribe hacía el “trabajo sucio” –su especialidad-, Zuluaga jugaba un papel más propositivo. El presidente-candidato, en cambio, jugó un rol intermedio en estas últimas semanas, no especializandosé ni en las propuestas, ni en las denuncias.

Santos tiene una dura tarea por delante: remontar casi 500 mil votos de diferencia. Hagamos un ejercicio hipotético –siempre está mal generalizar así, pero puede servir para despejar variantes-: si pensamos que, a priori, gran parte de los votos de la conservadora Ramírez pueden ir a Zuluaga, y que una buena parte de los votos de López (Polo Democrático, de izquierda) puedan ir a Santos como un “mal menor” de la segunda vuelta, resta saber interpretar adonde irán los “votos verdes” de Peñalosa -quien hizo una mala elección, con un 8%, muy lejos de los primeros sondeos que lo ubicaban disputando dos meses atrás-. Si lo anterior es una hipótesis –la distribución de votos- acá hay una certeza: el millón de votos de Peñalosa se convertirá sin dudas en el objetivo de ambos candidatos en estas próximas semanas de cara al 15 de junio. No por casualidad tanto Santos como Zuluaga tuvieron palabras gentiles para estos electores -y para el propio Peñalosa- en sus respectivos discursos posteriores.

Dicho esto hay que remarcar un elemento indispensable para el análisis: de casi 33 millones de electores de acuerdo al padrón, sólo unos 12 millones se volcaron por alguno de los 5 candidatos –hubo casi 800 mil votos en blanco-. ¿Qué harán los 20 millones que no concurrieron a las urnas frente a la segunda vuelta? ¿Se involucrarán en una elección de las más importantes del continente en los últimos años? Este puede ser otro factor decisivo: la apatía, el desinterés, al parecer, puede favorecer a Zuluaga, quien pretende que, sin mayores convulsiones por delante, el 15 de junio vote la misma cantidad de gente que lo hizo el pasado domingo para así poder llegar –tanto el cómo Uribe- al Palacio de Nariño. ¿Lo logrará?

* Juan Manuel Karg (@jmkarg ) Licenciado en Ciencia Política UBA / Periodista. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación – Buenos Aires