Diario del Mundial de Básquet: doloroso final para Argentina

Lunes 8 de septiembre de 2014
Es la crónica que menos ganas tengo de escribir. Pero hay que honrar a un equipo gigante como el argentino, pese a haber dejado una pobre imagen ante Brasil en el cruce por los octavos de final. En un encuentro que tuvo una mitad muy distinta a la otra, el equipo de Lamas mostró falta de carácter y armas ofensivas para contrarrestar a un rival que, todo lo contrario, tuvo puntos altos en ambos apartados.

El día era importante para la historia del básquet argentino. Era la oportunidad que tenían hombres de los más importantes en el deporte nacional de seguir adelante con una camada que cambió paradigmas. Enfrente estaba una selección que por primera vez tenía más chances de vencer a los nuestros. Y lo demostró.

El juego tuvo un arranque auspicioso para Argentina. El entrenador decidió salir de entrada con Leo Gutiérrez como titular, en lugar de Walter Herrmann. Buscaba más tiro externo, poder desacomodar a los defensas brasileños. La jugada funcionó, por momentos. La diferencia existió siempre en los tableros de los rebotes, y ponga a quien ponga, el rival tenía más altura y fuerza para quedarse con mucha facilidad con esas benditas segundas oportunidades.

Buenas defensas en el comienzo permitieron que el equipo saque ventajas e ilusione. Campazzo con Huertas, Prigioni con Barbosa y el Chapu sobre Marquinhos dominaron en esa primera mitad. En ataque, había efectividad, pese a la ausencia de Scola, que tuvo faltas rápidas y nunca encontró comodidad por la afixiante marca de los internos brasileños.

La paciencia en el ataque existió. Pero fue sólo Prigioni el que puso puntos en la pizarra. Tres triples rápidos, algunas asistencias y buen manejo del equipo dejaron a la selección de Lamas arriba por tres puntos en el final de los primeros 20 minutos. Ese primer tiempo dejó mejor sensación para Argentina, pero la diferencia no fue contundente. Apenas tres puntos.

En el tercer cuarto el arranque fue para el olvido. Sin precisión en ataque, y con un festival de rebotes ofensivos de Brasil, la diferencia fue la máxima (10 puntos). Lamas decidió salir con Herrmann de entrada, pero después tardó en poner a Leo Gutiérrez que había logrado desacomodar a los hombres grandes rivales. En un momento se llenó de faltas Prigioni y entró Laprovíttola que no tuvo muchas oportunidades en ataque, bien defendido por Neto, el base que entró para reemplazar a Huertas, errático y sin espacio para jugar cómodo.

Precisamente fue Neto, con 21 puntos, el factor que desequilibró todo. Nadie tenía en sus planes semejante partido del número 5. Aprovechó la baja intensidad defensiva en el segundo tiempo. Anotó de tres, dobles largos y entró muy cómodo a la pintura para convertir bandejas sin oposición. Paradójicamente, el partido que pensó Lamas, el de contener a Huertas, le salió muy bien, pero dejó pista para que su reemplazante explote todas las debilidades albicelestes.

En el básquet la lógica es muy difícil de quebrar y es lo que sucedió en ese segundo tiempo. Brasil supo que tenía un plantel más largo, lo aprovechó y con la banca destruyó a los argentinos que nunca tuvieron alternativas para contrarrestar el juego rival. Magnano, muy inteligente, supo rotar bien sus jugadores, y confiar en los que estaban finos.

Quizás haya sido de los peores minutos que le vi a esta generación. Desde el banco no encontraron la respuesta anímica. Lamas no bajaba ninguna indicación, se lo veía estático, sin encontrarle la vuelta al nivel brasileño. Y, dentro del rectángulo, hay que admitir que Brasil es mucho más equipo que Argentina. Más alternativas, más opciones, más altura y fuerza.

El estadio se vació y los medios se trasladaron a la zona mixta para hablar con los jugadores Prigioni enfrentó los micrófonos. Admitió que el equipo se fue quedando sin gol, que no hubo firmeza en defensa como en los primeros minutos. Dejó en claro que los internos aprovecharon la clara diferencia y cerró con que Brasil es claramente más equipo que Argentina. Otro que habló con los medios fue Leo Gutiérrez. Con tristeza en el semblante y en sus palabras, aseguró que físicamente el equipo estaba entero, pero los libres errados, junto a los errores en ataque, fueron la clave que definieron la historia. Otros hablaron, pero repitiendo los conceptos de sus compañeros.

Así terminó otra incursión mundialista de la selección nacional. Con buenos momentos de básquet en la primera fase, con la alegría de ver debutar pibes en el máximo nivel, con la confirmación de otros como Campazzo que ya están para las grandes ligas y la permanencia de Luis Scola como líder, pese al flojo partido final.

Quedó la sensación que se podría haber hecho un poco más, que el objetivo de llegar a cuartos de final estaba cerca. Pero la realidad nos pegó en el mentón y nos derribó para besar el parquet. El Mundial, para Argentina, ya es pasado, y quedan 8 equipos. España, Estados Unidos, Serbia y quizás el mismo Brasil sean los equipos que más firmes están para pelear por el podio.

El periplo de este servidor continuará en tierras españolas. Intentaré asistir al resto de los encuentros, sin que la tristeza me inunde como lo hace en estos momentos que finalizo la crónica. De todas formas quedarán recuerdos grabados en mi memoria, amigos que hice dentro de la profesión que sin dudas seguirán estando allí y la certeza de haber estado en un evento sin igual. Lamentablemente no será con la albiceleste bien arriba como nos terminamos acostumbrando, pero aplaudo hasta que me sangren las manos a esta generación.