Murió el ex-editor del "Washington Post" que cubrió "Watergate"

El ex editor del diario estadounidense Benjamin 'Ben' Bradlee, que supervisó la cobertura del escándalo del 'Watergate' -que derivó en la renuncia del entonces presidente de Estados Unidos Richard Nixon-, falleció ayer a los 93 años en su casa de Washington por causas naturales.
Miércoles 22 de octubre de 2014
Así lo confirmó el rotativo en el que trabajó durante 26 años, presidiendo la sala de redacción y "dirigiendo la transformación del 'Washington Post' en uno de los principales periódicos del mundo". Como editor ejecutivo desde 1968 a 1991, Bradlee se convirtió en una de las figuras más importantes en Washington, así como en la historia del periodismo.

Bradlee, que padecía desde hacía años Alzheimer y demencia, vivió su época dorada como director del Post entre 1965 y 1991 y pasará a la historia como una de las figuras centrales del escándalo del "Watergate".

Con el caso "Watergate" el Post dio un paso más en su consolidación como uno de los grandes diarios, gracias a la habilidad y persistencia de los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward.
La del 'Watergate' es también la historia del periodismo de investigación. Con la Casa Blanca entrometiéndose en las investigaciones, fueron Bernstein y Woodward, bajo la supervisión de Bradlee, quienes terminaron con la vida política de Nixon. Sus revelaciones sobre el espionaje al Partido Demócrata condujeron a la única dimisión presidencial de la historia de Estados Unidos: la de Richard Nixon en 1974.

Bernstein y Woodward utilizaron múltiples fuentes del entorno de la Administración, pero fue la conocida como 'Garganta Profunda' quien les dio los hilos de los que seguir tirando. La identidad de este informador fue una incógnita durante 33 años. En 2005, su familia reveló que se trataba de W. Mark Felt, el 'número dos' del FBI durante la Administración de Nixon.

Numerosas personalidades realizaron declaraciones tras conocerse el fallecimiento de Bradlee.
"Contó historias que necesitaban ser contadas, historias que nos ayudaron a entender nuestro mundo y a nosotros un poco mejor. Los estándares de honestidad, objetividad y meticulosidad que estableció animaron a muchos a entrar en la profesión", consideró el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un comunicado.

"Para él el periodismo era más que una profesión, era un bien público imprescindible de nuestra democracia", añadió el mandatario, que el año pasado honró a Bradlee con la Medalla de la Libertad, el más alto mérito civil reconocido en EE.UU.

Bradlee se hizo cargo de la dirección del Post en 1965, dos años después del suicidio de Phil Graham, marido de Katharine Graham, quien desde entonces hasta 1979 estuvo al frente de la empresa que había creado su padre.

Aún en presencia de Katharine Graham, Bradlee mantenía su estilo brusco, los pies encima de la mesa y las palabras malsonantes que le hacían temible en la redacción.

Bradlee impuso de inmediato disciplina en la redacción, cambió estilos y elevó la calidad con la contratación de nuevos valores.

Su primera gran prueba llegó con la publicación de los documentos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam que revelaban algunos de los desastres del conflicto y la convicción entre los militares de que era una contienda perdida.

A Bradlee no le costó mucho convencer a Graham de la necesidad de publicar los documentos del Pentágono. Para ambos fue una prueba difícil por las presiones recibidas.

Durante su época al frente del Post, Bradlee duplicó su nómina de empleados hasta alcanzar los 600 trabajadores y el presupuesto dedicado a la información se incrementó de tres a sesenta millones de dólares.

En los últimos 23 años con él al frente, la tirada del diario pasó de 446.000 ejemplares a 802.000 y ganó 23 premios "Pullitzer".