La Presidenta aceptó la renuncia de Zaffaroni

El ministro de la Corte Suprema de Justicia formalizó su anunciada decisión de abandonar el máximo tribunal a partir del 31 de diciembre próximo, al enviarle una carta a Cristina Kirchner.
Viernes 31 de octubre de 2014

La presidenta Cristina Fernández aceptó hoy la renuncia de Eugenio Zaffaroni como ministro de la Corte Suprema de Justicia a partir del 31 de diciembre.
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La mandataria lo hizo a través del decreto 2044.
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El ministro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni había formalizado su anunciada decisión de abandonar el máximo tribunal a partir del 31 de diciembre próximo, al enviar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner su carta de renuncia.

“Motivan esta dimisión razones normativas y, más lejanamente, éticas y de convicción personal”, señaló el juez en la misiva, al tiempo que indicó que “secundariamente” pesa en su decisión la idea de que los cargos vitalicios son más adecuados a “los sistemas monárquicos” y “menos compatible con los principios republicanos”.

“No puedo ocultarle que, en los últimos meses, experimento la sensación de que mi tarea en este Poder está agotada, junto con la urgencia en volver a la actividad académica, tanto en el país como en la Patria Grande”, señaló Zaffaroni en el escrito que, con fecha de hoy, remitió a la Presidenta.

Además, en el texto de su renuncia al cargo a partir del 31 de diciembre próximo -tal como lo había anticipado públicamente en distintas oportunidades- , el ministro expresó a la mandataria, “por el bien de todos los habitantes de nuestra Patria”, sus “fervientes votos por la exitosa culminación de su mandato constitucional, como también por su felicidad y ventura personal, y la de todos los suyos”.

“Tengo el honor de dirigirle las presentes líneas para elevar a su fina consideración mi renuncia al cargo de Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, para el que fui designado por el presidente Néstor Kirchner mediante decreto 932 de 2003, y que asumí hace hoy exactamente once años”.

En este marco, tras señalar hacer referencia a las “ineludibles razones normativas” de su decisión, Zaffaroni indicó que “el motivo fundamental, que no requiere mayor explicación, finca en el acatamiento a lo dispuesto en el tercer párrafo del inciso cuarto del artículo 99 de la Constitución Nacional”.

Allí, la Carta Magna, a la luz de la Reforma de 1994, señala que “un nuevo nombramiento, precedido de igual acuerdo, será necesario para mantener en el cargo a cualquiera de esos magistrados, una vez que cumplan la edad de setenta y cinco años”.

“La idea de la vitalicidad de los funcionarios de la Constitución, si bien excepcional, siempre es más adecuada a los sistemas monárquicos y, por ende, menos compatible con los principios republicanos”, sostuvo Zaffaroni en otro tramo de su carta de renuncia que remitió, con fecha de hoy, a once años de su asunción como ministro de la Corte.

En ese marco, dijo entender que, “once años, desde la perspectiva del tiempo existencial, es un lapso prolongado, siendo momento de volver a volcar mayor empeño en la labor docente, en la tarea doctrinaria y en la acción en las instituciones científicas internacionales”.

“Es indispensable formar a muchos hombres y mujeres jóvenes, para que desde el atalaya de nuestra posición en el mundo, en este siglo crucial para toda la humanidad, sean capaces de continuar reflexionando y actuando el derecho mucho más y mejor que nosotros, en pos de la reducción de los niveles de desigualdad y violencia”, planteó el ministro en su escrito.

En este sentido, afirmó que el país asiste a “una nueva Reforma Universitaria, que incluye a las clases trabajadoras y humildes, y el saber jurídico no debe permanecer ajeno a este movimiento de revolución pacífica y silenciosa”.

“Estimo que la justicia -y el derecho en general- no profundizarán su democratización sin un cambio cultural que, ante todo, debe provenir de sus propias fuentes de producción académica”, postuló Zaffaroni, quien, para finalizar la carta, le expresó a la mandataria su “más selecta consideración y estima”, y el saludo protocolar “b.s.m”, que significa que besa su mano.