Confirmado: Andreas Lubitz quiso estrellar el avión

El copiloto de Germanwings aumentó la velocidad del piloto automático varias veces durante el descenso del avión. Esta nueva información confirma la teoría del suicidio.
Viernes 3 de abril de 2015
El análisis de la segunda caja negra del A320 de Germanwings, realizado por la Oficina de Investigaciones y Análisis de la aviación civil francesa (BEA), confirma que el copiloto estrelló de forma deliberada la aeronave contra los Alpes franceses con 150 personas a bordo.

En un comunicado, la BEA no deja lugar a dudas: "Una primera lectura hace aparecer que el piloto presente en la cabina utilizó el piloto automático para emprender el descenso hacia una altitud de 100 pies (es decir 30 m), y luego, varias veces durante el descenso, modificó el piloto automático para aumentar la velocidad del avión en descenso".

Este segundo dispositivo, que técnicamente se denomina Flight Data Recorder (FDR), registra los parámetros técnicos durante las últimas 25 horas de trayecto, tales como la velocidad, la altitud y el modo de pilotaje.

La caja, ennegrecida por el fuego, fue encontrada por una integrante del Pelotón de Alta montaña de la Gendarmería Nacional en una zona ya explorada con anterioridad, y estaba, según la Fiscalía de Marsella, "totalmente enterrada", lo que hasta ahora había dificultado su hallazgo.

Para el fiscal Brice Robin, encargado del caso, aporta un complemento "indispensable" para esclarecer los hechos y completar la información contenida en la primera caja, en la que ya se había perfilado una acción voluntaria del copiloto, el alemán Andreas Lubitz, de 27 años de edad.

La primera de las grabadoras de a bordo (Flight recorder en inglés), que registró las conversaciones y comunicaciones de los pilotos, apareció en el primer día de búsqueda y reveló una serie de datos que permiten inferir que Lubitz estaba a cargo del mismo y decidió estrellar el avión contra una montaña aprovechando que el comandante se había ido al baño.

Según las pesquisas posteriores, Lubitz tenía trastornos emocionales y tenía prohibido volar, dato que ocultó a la empresa. Asimismo, los médicos aseguraron que tampoco sabían que Lubitz no se había tomado la licencia laboral que ellos habían impuesto.