El cerebro no tiene sexo

Miércoles 2 de diciembre de 2015
Aseguraba el cineasta Cesc Gay en una entrevista reciente en La Vanguardia a propósito de su nueva película, ‘Truman’, que sus historias “tienen esa contención de sentimientos tan masculina”. Y remachaba asegurando que si los protagonistas hubieran sido mujeres, el film “hubiera sido más descarnado, explosivo, roto”, porque ellas poseen “algo más orgánico, más fluido, que lleva a lo sentimental”.

Esa idea que lanza Gay coincide, de hecho, con la percepción social generalizada de que las mujeres son más empáticas, más sociales, más sentimentales. Y que, en cambio, los hombres son más agresivos y sexuales, tienen mejores capacidades para las matemáticas y la geometría, y son menos emotivos. Las mujeres son de Venus y los hombres, de Marte, suelen repetir los tópicos.

Durante mucho tiempo se atribuyeron esos comportamientos distintos entre géneros a diferencias estructurales en el cerebro: seguramente veníamos de serie con un cerebro claramente femenino o masculino, de la misma manera que teníamos unos genitales bien diferenciados.

Sin embargo, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Tel Aviv y recogido en la revista PNAS, esa idea de dimorfismo neuronal no es otra cosa que errónea: el cerebro no tiene sexo. No existen cerebros femeninos ni tampoco masculinos, sino que todos son un mosaico único para cada individuo de características mezcladas consideradas tanto de un género como de otro.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de neurocientíficos, liderado por Daphna Joel, analizó imágenes de resonancias magnéticas de más de 1400 cerebros humanos procedentes de cuatro bases de datos. Con esta tecnología, conocida por las siglas MRi, se puede estudiar la forma y volumen de las regiones cerebrales pero no su función. Y de hecho, este estudio sólo analiza y compara formas, pero no la funcionalidad de cada área.

Así, los investigadores israelíes se centraron, en primer lugar, en encontrar qué regiones presentaban anatómicamente más diferencias entre sexos. Y, en segundo lugar, determinaron para cada persona si la forma y volumen de las regiones que componían su cerebro eran, en general, más prevalentes en mujeres o en hombres.

“Lo que hace a los genitales especiales, por ejemplo, es que hay una falta de solapamiento casi total entre machos y hembras, y hay una gran consistencia interna”, explica a Big Vang a través de correo electrónico la neurocientífica Joel. “Es decir, si en los genitales tienes una característica femenina, como el clítoris, es muy probable que tengas el resto de órganos femeninos y no los masculinos. Nuestro objetivo era ver si esta consistencia también existía en el cerebro. Y para ello miramos solo aquellas características cerebrales que mostraban mayores diferencias entre sexos. Nos daba igual de qué diferencia se trataba, simplemente nos centramos en las que eran más pronunciadas. Y a continuación miramos la consistencia interna en cada cerebro para ellas”.

Por ejemplo, en la primera colección de muestras que analizaron vieron que la región que comprende el hipocampo izquierdo y derecho, así como el núcleo caudado izquierdo y derecho, era mayor de media en mujeres en comparación con los hombres. Si los cerebros fueran consistentes, todos los cerebros deberían presentan ese subconjunto de secciones o bien grande, o pequeño o intermedio, en función del género.

Sin embargo, observaron que entre el 23 y el 53% de los cerebros tenían tanto regiones que puntuaban como femeninas como regiones supuestamente masculinas. Y sólo entre un 0 y un 8% de las muestras tenían todas las regiones atribuibles a un sexo u otro.

“Tenemos cerebros heterogéneos, verdaderos mosaicos con característica algunas más comunes en hombres y otras, en mujeres. Y eso hace que el cerebro humano, aunque tengamos diferencias entre unos y otros, no pueda clasificarse en dos categorías estructurales, es decir, cerebro masculino o femenino”, resume Joel.

Ésta idea no es, en realidad, 100% novedosa. Anteriores autores ya habían apuntando que el cerebro era una especie de órgano de retales, aunque se habían centrado para ello en analizar regiones concretas, como el hipocampo o la amígdala. Lo realmente novedoso del trabajo de la Universidad de Tel Aviv es que los investigadores analizan el cerebro en su conjunto.

Para la neurocientífica israelí, “el interés en diferenciar los cerebros de hombres de los de mujeres es político, no científico. Nuestro estudio muestra que esas creencias no tienen validez científica, porque hay muchas formas de ser hombre mujer, y en definitiva humano”.

¿Qué hay de la función?

Ahora bien, que dos cerebros tengan la misma estructura, ¿quiere decir que responderán de la misma manera ante un estímulo? La neurocientífica Roser Nadal es vicedirectora del Institut de Neurociències de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), e investiga justamente cómo las ratas, de ambos géneros, reaccionan ante el estrés. A pesar de tener cerebros prácticamente iguales, los machos, por ejemplo, se estresan ante un fracaso social, mientras que las hembras en circunstancias de sobrepoblación. Los estímulos provocan respuestas distintas en ambos géneros.

Esta experta en neurobiología es crítica con el trabajo presentado en PNAS y considera que “el comportamiento humano es muy complejo y las diferencias está claro que no vienen determinadas por un único factor, ni ambiental, ni genético. Que hay mucha solapación y una elevada variabilidad individual es evidente, pero negar el dimorfismo sexual no es correcto, al menos a nivel funcional”.

Para esta neurocientífica, investigadora del grupo de neurobiología del estrés de la UAB, Joel y su equipo evidencian la enorme variabilidad individual, esto es las diferencias entre individuos, sean del sexo que sean, pero no entran a dilucidar el origen de esas diferencias que, según Nadal, pueden deberse a genética, entorno, educación, hormonas, entre otros.

“El estudio se basa en resonancias magnéticas estructurales que sólo ofrecen información sobre la estructura del cerebro, sobre la sustancia gris o blanca, pero no aportan datos de funcionamiento. Quizás si hubieran tenido en cuenta funcionalidad, aunque ambos cerebros presenten una misma estructura, la respuesta ante estímulos hubiera sido distinta”, apunta Nadal.