Usar el celular para filmar el terror, un reflejo muy humano

Contar lo visto en vivo y en directo. Compartir emociones. El análisis de las acciones de los testigos tras los hechos ocurridos en Bélgica.
Miércoles 23 de marzo de 2016

Los testigos de un atentado sacan de inmediato sus celulares para enviar imágenes en directo a las redes sociales, lo que es un reflejo que responde a la necesidad de contar lo visto, "formar parte" del acontecimiento y compartir sus emociones.

Las fotos tomadas por testigos de los atentados de Bruselas circularon inmediatamente el martes en las redes, luego en televisiones y otros medios. El diario francés Liberation sacó en portada la foto hecha por un aficionado.

"La gente comprende inmediatamente lo que pasa y sabe que son testigos privilegiados de algo que todos observarán. Saben que se necesita gente para filmar, pues ellos también han buscado tales imágenes en las redes. Tienen la impresión de ser útiles, actuar y formar parte del acontecimiento, decir yo estuve ahí", resume Nicolas Vanderbiest, estudiante de doctorado, especialista de las redes sociales en la Universidad católica de Lovaina.

"Esta necesidad de contar un acontecimiento excepcional, formar parte del mismo, llamar la atención de otros con su relato, es una necesidad humana fundamental", subraya Stéphane Rusinek, profesor de psicología en la Universidad de Lille 3. "Y mucha gente siente deseo de quedarse más tiempo en el lugar para poder contar más", agrega.

Algunos reflejos se volvieron habituales en caso de atentado.

"En los tres atentados traumáticos en Europa apareció una misma pauta: enviar dibujos, un hashtag o un grafismo, cubrir la foto con los colores de una bandera, señalarse en seguridad en Facebook... Más que una dimensión narcisista, es una necesidad de calor humano, hablarse, congregarse", precisa Benoît Raphaël, especialista de las redes sociales.

"Luego del peligro inmediato que invita a huir, cuando la gente se siente segura y a salvo, toma una foto", comenta Rusinek. "Hay un sentimiento de comunicar lo que pasa, para proteger a los otros. Eso posibilita controlar la angustia".

"El éxito de la consigna #Jesuischarlie" seguirá siendo excepcional porque fue espontáneo. Después, han sido más organizadas", destaca Nicolas Vanderbiest, quien sigue de cerca los hashtags que se convierten en puntos de adhesión.

#Bruxelles fue utilizada en 6 millones de tweets frente a 40.000 el día anterior. #Tousensemble recibió 40.000 tweets.

Luego aparecieron #jesuisbruxelles (280.000), #PrayforBrussels (250.000) y #Prayforbelgium" (370.000) y, en especial, #stopislam (530.000) número muy elevado pero también citado con mucha frecuencia para denunciar la consigna lanzada por la extrema derecha, agrega Vanderbiest.

- ¿Amplificar los miedos ? -

"Filmar cuando hay un acontecimiento masivo se ha incrementado pues las redes sociales se volvieron masivas, como los celulares y la 4G, que posibilitan la transmisión de imágenes en tiempo real tanto para los atentados o los fenómenos naturales. Esto no ocurre porque la gente quiera beneficiarse sino por necesidad de compartir, expresarse, consolarse", subraya Benoît Raphaël.

"Se envían dibujos, sonrisas (smileys), mensajes, corazones... Se utiliza la red como lugar de ayuda mutua, instrumento colaborativo, como en la operación Puertas abiertas de Bruselas, como ocurrió en París", añade.

Pero la circulación de esas imágenes puede amplificar los temores, advierte John Brewer, profesor especialista de conflictos en la Queens University de Belfast.

Las redes sociales "derrumbaron el mecanismo de distanciamiento que practicamos para protegernos" de acontecimientos ultra-violentos. "Estamos expuestos a traumatismos más importantes que antes, pues la violencia se registra en los teléfonos de gente presente en el lugar, lo que puede traumatizar a todo el mundo".

"Sin embargo las redes nos facilitan a todos intercambiar nuestra angustia, lo que la hace más difícil de soportar", matiza Brewer.

Para este sociólogo especialista de conflictos de Sri Lanka y de Irlanda del Norte, las sociedades pueden aprender a vivir con el terror.

"La gente sigue su vida normal tratando de tomar distancia con los que sufren más. Pero las redes sociales" borran ese proceso de distanciamiento, indicó.