Orina: ¿combustible del futuro?

Aunque parezca insólito, cobra fuerza el uso de productos de desecho para generar energía. La orina es uno de esos productos, que podría aplicarse de manera efectiva e higiénica para el manejo sustentable del medioambiente.
Viernes 13 de mayo de 2016
En nuestra vida, la orina ocupa una parte esencial. Por eso, los investigadores han estudiado durante décadas cómo sacar provecho de ella para generar electricidad.

Fue allá por 2014 cuando científicos de un laboratorio de robótica de Bristol lograron cargar un teléfono móvil a partir de la orina. Ahora, un estudio reciente hizo avanzar aún más las investigaciones sobre el uso de la orina como fuente de energía, reduciendo el precio de su aplicación y acelerando el proceso.

El interrogante es: ¿cómo se desarrolla actualmente la implementación de la orina como recurso energético? ¿Y cómo se puede obtener energía de ella?

La orina, junto otros desechos orgánicos humanos, se ha usado con diversos propósitos a lo largo de la historia. Pero no es una sorpresa ya que un ser humano produce en promedio entre 800 y 2.000 mililitros de orina por día. Si se los multiplica por la población total del globo y el resultado son 1.4 trillones de litros de orina por día que termina en el desagüe.

Esta gran cantidad de desecho se maneja de una forma adecuada, costosa y con gran consumo de energía. Mirella Di Lorenzo, coautora de una investigación reciente aseguró: “El tratamiento de los desechos representa una gran parte de la demanda diaria de energía”. “Queremos utilizar los desechos como fuente de energía en lugar de someterlos a un tratamiento que requiere energía”, agregó en su entrevista con Deutsche Welle.

Pero, ¿cómo se realiza el proceso? Convertir la orina en electricidad implica obtener energía de las bacterias. Al quitar oxígeno del medioambiente, las bacterias descomponen la orina y generan electrones en lugar de dióxido de carbono y agua.

Los dispositivos electroquímicos llamados células de combustible bacterianas convierten la carga del líquido urinario en electricidad de manera extremadamente eficiente. Aunque son efectivas, hasta ahora esas células bacterianas eran demasiado caras, y producían un nivel muy bajo de energía.

Las nuevas células de combustible en miniatura son mucho más pequeñas y poseen cables de titanio y tela en lugar de platino. Además, pueden elevar la producción de energía gracias a una proteína de la clara del huevo.

Di Lorenzo relató que “la cantidad de energía producida sigue siendo muy baja” y agregó que “no estamos muy lejos de lograr aplicaciones prácticas”.

Confían en que, pronto, nuestros desechos serán una fuente de energía para la vida cotidiana.

Claro que los expertos saben que no es probable que la orina genere tanta energía como el sol o el viento. Ello generó algunas críticas al proyecto. Pero como es un producto de desecho que siempre existirá, cree que el equilibrio entre lo que entra y lo que sale es beneficioso.

“No se trata de que la orina se transforme en una alternativa para otras energías renovables sino más bien como un complemento”, dijo Di Lorenzo.

La orina se podría usar como recurso energético en pequeños servicios preparados para canalizar los desechos directamente de nuestros hogares hacia un centro de tratamiento y evitando problemas sanitarios.

Si la orina puede o no transformarse en energía a gran escala es incierto como también lo es si la gente aceptaría usar sus propios desechos para producir esa energía.