Lula preso en Brasil (NA)

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Durante prácticamente tres años, la política brasileña tuvo como emblemas de la pujanza y la confianza del mundo a dos presidentes como Fernando Henrique Cardoso, quien estabilizó la economía nacional y sentó las bases para el gran crecimiento económico brasileño de la década de 2000; y luego Luiz Inácio Lula da Silva, su sucesor, cuya gestión se materializó en la ampliación de los programas sociales.

 

Pero ahora toda esa confianza se derrumbó como un castillo de naipes y en sólo ocho años, Brasil está en llamas.

 

Luego de haber pasado la peor y más dura recesión y tras vivir el mayor escándalo de corrupción en toda la historia de Brasil, lo que más se nota es la bronca de la gente.

 

Y todo mientras el país va hacia las elecciones presidenciales de octubre. Sin embargo, lo notable es que la campaña no sólo inquieta y tiene en vilo a la población, sino principalmente a los inversores, que ya no ocultan su profunda preocupación por los mercados emergentes.

 

En Brasil los efectos del desmanejo y la corrupción de los últimos años, tuvieron un efecto verdaderamente devastador. El escenario es oscuro y desalentador: mientras un potencial líder y posible candidato a la presidencia como Eduardo Campos murió en un accidente aéreo en 2014; la investigación del Lava Jato sobre los multimillonarios sobornos pagados por la petrolera estatal Petrobras terminño de complicar las cosas y salpicar a otros candidatos.

 

Una consecuencia directa es la ausencia casi total de candidatos creíbles en la campaña. Los desencantados votantes de Brasil están buscando, por el contrario, alternativas anti-establishment; algo que como era de esperarse no le gusta nada y preocupa a los inversores.

 

Cuando una encuesta marcó que Geraldo Alckmin, candidato de centro considerado pro mercado, no estaba midiendo bien en las preferencias del electorado, el real brasileño cayó de manera notable, llevando a que la moneda brasileña sea actualmente la tercera con peor desempeño en el mundo en lo que va de este año, después de la lira Turquía y el peso argentino. Los seguros de crédito registraron subas.

 

Lo que suceda luego en los mercados de Brasil depende en gran medida de lo que ocurra en su política. El caso para destacar puntualmente es el de Lula da Silva, que pretende candidatearse para un tercer mandato presidencial mientras está preso, pese a lo cual encabeza las encuestas.

 

Lula afirmó a los medios internacionales que es víctima de un complot de la derecha. Cardoso en un artículo que escribió en Financial Times afirmó que su relato es "una grave distorsión de la realidad". Cualquiera fuese el caso, Lula da Silva probablemente no sea autorizado a competir en las elecciones conforme a
una norma anticorrupción que él mismo convirtió en ley.

 

Eso concentró la atención en Jair Bolsonaro, ex capitán del ejército que se ubica segundo en las encuestas de cara a las próximas elecciones. Su estridente plataforma de ley y orden, similar a la del presidente filipino Rodrigo Duterte, recibe el apoyo de los brasileños cansados de la delincuencia. Bolsonaro tiene tasas de desaprobación mayores a las de Lula de Silva.

 

Con este marco, los sondeos indican que le ganarían al compañero de fórmula de Lula, quien asumiría la candidatura del ex presidente si es que éste se ve imposibilitado de acceder a ser candidato y debe dar un paso atrás.

 

El enojo anti-establishment, junto con los escándalos delictivos con implicancias constitucionales, se convirtió en el nuevo manual norteamericano. Lo mismo sucede con la política y las elecciones de Estados Unidos y México.

 

Sin embargo, la diferencia de Brasil es que su economía enfrenta un precipicio fiscal que requiere atención urgente quienquiera que sea el presidente incluso cuando ninguno de los principales candidatos parece ser un líder que pueda o quiera hacerlo. Se agrega a la incertidumbre que más de una tercera parte de los votantes
sostiene que no sabe a quién votará o si irá a votar. No sorprende que los inversores corran asustados.

 

(Foto: NA)