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Vaca Muerta se ha convertido en una de las grandes esperanzas para la economía argentina en lo que respecta a su recuperación y pago de deuda. Aunque hay inquietud tras conocerse que una de sus grandes inversoras, la estadounidense Schlumberger, abandona el proyecto a la espera de una oferta de compradores.

 

La producción de petróleo esquisto (shale oil) en Bandurria Sur es de alrededor de 10.300 barriles por día y según YPF es la zona más prometedora, allí se extraen unos 64.000 de los 100.000 barriles diarios de crudo y se produce el 30 % del gas de lutita (shale gas) en Argentina, pero su operación está estancada, según el Instituto Argentino de Energía General Mosconi.

 

La preocupación también pasa porque los planes del nuevo gobierno de Alberto Fernández no están claros.

 

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Fausto Spotorno, economista y director del Instituto de Economía de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), expresó sobre el tema: "El panorama de Vaca Muerta es muy complicado. No solo porque se fue Schlumberger, sino porque el negocio está parado”. Los pozos de shale se mantienen abiertos unos tres años, y luego vuelven a cerrarse, por lo cual se debe volver a perforar la roca a través de hidrofractura.

 

"Eso hace que el negocio requiera de mucho dinero, y que comporte un gran riesgo para las empresas que toman deuda para financiarse. Las tasas de interés de esa deuda están afectadas en Argentina por el riesgo país, que es muy alto y hoy llega a los 2.000 puntos”, agregó.

 

Según el portal World Energy Trade, la petrolera estatal estaría en camino a desembolsar cerca de 2.300 millones de dólares para la exploración, producción y perforación de nuevos pozos.

 

El riesgo país, las retenciones o impuestos a las exportaciones son un gran problema porque reduce las ganancias obtenidas por las empresas. Y, como si eso fuera poco. "El precio del gas en Argentina está afectado también por el congelamiento de las tarifas locales, ya que el dólar ha subido muchísimo y este es un negocio cuyos costos – maquinarias, infraestructura, ingenieros- se pagan en dólares”, señaló el economista.

 

Sobre los posibles negocios con países, explicó: "Son todos proyectos de exportación totalmente razonables y muy interesantes, pero primero se tienen que resolver los problemas que tiene la economía argentina. Un gasoducto hasta el sur de Brasil sería óptimo, y Brasil pagaría con gusto por ese gas. Pero desde Neuquén hasta el sur de Brasil hay nada menos que 2.700 kilómetros”.

 

Y reflexionó: "El problema es: ¿qué pasa si todos invierten en exportación y después empieza a faltar el gas a nivel local? ¿Cuánto va a tardar el gobierno en suspender las exportaciones? Eso no puede pasar”.

 

"Alberto Fernández entiende que hay que subir las tarifas, si no, no va a haber inversiones en el sector y nos va a volver a pasar lo que pasó durante el gobierno de Cristina Kirchner, cuando que el gobierno rogaba que alguien pusiera un dólar en inversiones, y, al mismo tiempo, subsidiaba las tarifas a mansalva. Espero que eso no suceda. No creo que pase lo mismo. El gobierno entiende que eso no debe volver a suceder, porque el costo del subsidio se vuelve explosivo”, concluyó.