La familia argentina que quedó varada por el coronavirus en España y decidió no volver, GENTILEZA FAMILIA CAÑIZARE SIMONEFamilia de argentinos varados. Foto gentileza familia Cañizare-Simone.

Muchas veces pensaron en irse del país, pero jamás imaginaron que sería así, de una manera "brusca" y debido a una pandemia. Es la historia de una familia de argentinos que el pasado marzo fueron a España para la boda de una sobrina y quedó varada por la cuarentena del nuevo coronavirus.

 

Mientras los días pasaban con las fronteras cerradas, con cada vez menos plata en su haber y sin certezas en el corto plazo tanto sobre la evolución del covid-19 y la situación económica en Argentina, los Cañizare-Simone, un matrimonio de clase media en sus 40 años con dos hijos, dejaron todo atrás para comenzar una nueva vida en el país donde quedaron varados.

 

¿Cómo es abandonar todo de repente y qué esperan en esta nueva etapa? Juan (43 años), Valeria (41), Agustín (21) y Julián (14) partieron el 3 de marzo de este año hacia Palma, en Mallorca, la más grande de las Islas Baleares, en España.

 

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La razón del viaje era la boda de la sobrina de Juan, el 14 de ese mes. "Veníamos ahorrando para el viaje desde hacía un año", me cuenta Valeria por teléfono.

 

En Argentina, la familia vivía en Avellaneda, al Gran Buenos Aires, donde Valeria trabajaba como empleada administrativa, Juan estaba como encargado en una tienda de arreglos de autos y Agustín, el mayor de los hijos, como repositor de supermercados.

 

En España los ahuardaba la familia de Juan: sus padres, hermanos y sobrinos, que, a su vez, emigraron de Argentina en 2001 durante la grave crisis político-económica que atravesó el país y que los había dejado sin empleo.

 

La tan particular historia de los artistas de un circo cubano varado en Inglaterra por el coronavirus- Cuando los Cañizare-Simone llegaron a Mallorca, a inicios de marzo, empezaban a aparecer los primeros casos de covid-19 en España.

 

Pero para cuando estaba planeada la boda, "los chicos no sabían si se iban a poder casar porque estaban suspendiendo todo", dicen Valeria y Juan.

 

Ellos relatan que la policía llegó a salón de fiestas en Puerto Cristo, en el oeste de la isla, dos veces durante la noche del 14 de marzo, pero finalmente pudieron terminar la celebración. Al día siguiente inició la cuarentena estricta en el país.

 

El gobierno español decretó el estado de alarma y la cuarentena nacional a partir del 15 de marzo en España. Argentina hizo lo propio el 19 de marzo.

 

La familia contaba ya con pasaje de vuelta para el 21, pero las fronteras en Argentina se habían cerrado para esa fecha. En ese momento, mientras cumplían la cuarentena en la casa de uno de los parientes en Manacor, un pueblo a unos 50 km al oeste de Palma, en medio de la angustia y la incertidumbre empezaron a pensar en soluciones alternativas.

 

La familia viajó a Mallorca para la boda de una sobrina. "Más que nada por el tema de plata porque ¿cómo nos íbamos a mantener?", comentan.

 

Tres integrantes de la familia cuentan con doble nacionalidad (argentina-española), entonces, a finales de marzo, iniciaron los trámites para adquirir el DNI español con la idea de poder conseguir trabajo. Las esperanzas de poder volver a Argentina no las perdían, pero se fueron diluyendo con las cuatro cancelaciones de vuelos que recibieron entre marzo y junio pasado.

 

También estaba la cuestión del dinero. No podían hacerle frente a los 575 euros que les costaba cada pasaje para regresar.

 

La familia argentina que quedó varada por el coronavirus en España y decidió no volver, GENTILEZA FAMILIA CAÑIZARE SIMONE	Los argentinos en España. Foto gentileza familia Cañizare-Simone.

 

"Los vuelos que podían salir eran los de Aerolíneas Argentinas, (ellos habían adquirido los tickets con Air Europa) y había que comprarlos. Era una plata que no teníamos", dicen.

 

Ella describe que fue una decisión que tomaron los cuatro integrantes de la familia, pero que los miedos siguen estando presentes. "Tengo miedo de que los chicos no se adapten, a que seamos discriminados, a extrañar", confiesa.

 

"Temo que los chicos el día de mañana se quieran volver. No sería grave, pero ya me hice a la idea de vivir acá con una mejor calidad de vida. Si yo me veía acá era por la inseguridad que sentíamos allá", reconoce.

 

Si bien Buenos Aires tiene un índice de homicidios bajo con respecto a otras capitales de América Latina (4,7 por 100.000 habitantes) esto no quiere decir que el problema de la inseguridad no exista.

 

"La mayoría de las actividades delictivas que ocurren en Buenos Aires se dan en la periferia de la ciudad. Específicamente en barrios formales e informales del Gran Buenos Aires y albergan a la mayoría de los grupos a cargo del tráfico de drogas al menudeo", dice Insight Crime, una organización dedicada al estudio del crimen organizado en América Latina y el Caribe.

 

"Estar con el corazón en la boca cada vez que los chicos salen no me gustaría volver a vivirlo", dice Juan. Otro factor que preocupaba a la familia era la incertidumbre laboral en Argentina.

 

Si bien ellos habían tomado vacaciones, en medio de la cuarentena el regreso a sus puestos de trabajo era incierto y su futuro laboral también.

 

Todo esto en medio de un país que tuvo una tasa de desempleo del 10,4% en el primer trimestre de este año, sin contar el impacto de la pandemia, y con más del 30% de la gente en la pobreza.

 

En Buenos Aires, los dos adolescentes jugaban al balonmano en el club Arsenal de Sarandí. Ahora en Palma, Julián el más pequeño, pudo retomar el entrenamiento en el club local, Sispal Marratxi, y el próximo mes lo hará Agustín.

 

"Por suerte pude arrancar y al menos puedo pasarla bien un rato", dice Julián que está empezando a conocer a los compañeros del club mientras espera ingresar a la escuela cuando se retomen las clases tras la pandemia.

 

"En este tiempo tengo que aprender catalán", dice, que junto al castellano son las lenguas oficiales de las Islas Baleares.

 

"Tengo ganas (de empezar), pero más por tener amistades y a alguien para salir, pero por los estudios, no mucho", asegura riéndose. Agustín, por su parte, se está acostumbrando como puede y asegura que el cambio le resulta extraño.

 

"Fue brusco, la adaptación me está costando", reconoce. La familia recién se está acomodando. Aún no tienen un lugar para vivir todos juntos, ni ropa de verano que ponerse. Pero están más tranquilos con la decisión tomada y Juan se está adaptando a su nuevo trabajo. "La gente me recibió bien", afirma. En Buenos Aires quedó "India", su perra beagle de 7 años.

 

"Si hoy tuviera la posibilidad de traspasar la mano por el teléfono y pudiera agarrar una sola cosa, agarro la perra", asegura Valeria riéndose. Cuenta que está buscando empleo, pero con el DNI aún en proceso y en medio de la pandemia, las cosas no son fáciles. "Estoy buscando trabajo de lo que sea. No estoy para elegir", afirma.

 

Pero está esperanzado y le gusta su nuevo país.

 

"Acá se está bien, se vive de otra forma. Cuando estaba en la calle en Argentina estaba todo el tiempo pendiente de que no se ponga una moto al lado, que venga alguien con un cuchillo o un arma, y acá vas tranquilo. Claro que hay inseguridad, pero es otra mentalidad", detalla.

 

"Si todo sale bien como lo pienso, me veo mucho mejor acá que en Argentina", reconoce