Ofelia Fernández, legisladora.Ofelia Fernández. Foto: Instagram @ofefernandez.

Si hay algo de lo cual no puede acusársela a Ofelia es de tibia. Ya sea por su corta edad, por lo radical de sus posiciones, porque miles de mujeres ven en ella a un referente o por lo meteórico de su crecimiento político, cada vez que abre la boca es noticia.

 

Afiliada al Frente de Todos desde su conformación de cara a las elecciones presidenciales del 2019, es lógico inferir que la joven no se haya sentido cómoda. Es que si lo que caracteriza a la juventud como etapa de la vida es el idealismo, no hay que ser muy despierto para observar que hace años que Argentina está bastante apartada de cualquier ideal. Y el 2020, lejos de ser la excepción, ha sido un año crítico. Y esto inevitablemente se traduce en frustración.



En este marco las declaraciones de Ofelia no debieran ser llamativas. Más considerando que su agenda dista considerablemente de la agenda hasta ahora avanzada por el gobierno. En este sentido, Ofelia fue muy clara en su entrevista con el diario español: "Sé que aún no se dan las condiciones de fuerza para sacar adelante una agenda ambientalista y popular, con reconocimiento de los trabajadores de la tierra y los cartoneros, con una reforma judicial feminista y un sistema integral de cuidados. Asumo las decepciones".



Consultada por su carrera política, afirmó que su militancia y su "capacidad de liderazgo" le "son de siempre" y contó que actualmente volvió a usar su despacho en la Legislatura, donde trabaja junto a "amigos del Pellegrini", el colegio donde cobró notoriedad tras ser elegida presidenta del Centro de Estudiantes y donde Juan Grabois la contactó para sumarla a Patria Grande.



Si bien ser la legisladora más joven del continente no es un asunto menor, en la política es imposible caerle simpático a todo el mundo. Y en el mundo de hoy eso se ve reflejado principalmente a través de las redes sociales, respecto a las cuales confesó tener sensaciones encontradas: "Voy a un restaurante, cualquier bodegón aleatorio; me sacan una foto y la cuelgan en Twitter diciendo que estoy en el restaurante más caro de Argentina. Twitter me gusta, podría ser mi red favorita porque ofrece una buena síntesis de lo cotidiano, pero cada vez que lo abro leo cosas horrorosas sobre mí". Es que la política saca a la luz los instintos más tribales del ser humano y en una Argentina tan convulsionada todos esos instintos se exacerban.

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Pero la cuestión es más profunda que eso. Porque así como muchos jóvenes ven en Ofelia un referente, otras personas ven en ella la viva materialización de una Argentina sumamente injusta. Para ponernos en contexto, según el Banco Mundial Argentina cerró el 2020 con un PBI per cápita similar al del 2006. 15 años de crecimiento económico prácticamente nulo. Y esto lógicamente se ve reflejado en la calidad de vida de millones de argentinos: Jóvenes que solamente encuentran trabajos mal remunerados y se ven obligados a continuar viviendo con sus padres o pagar alquileres carísimos, padres que aún haciendo malabares no logran ahorrar ni rendir su dinero, jubilados que necesitan de la asistencia de sus hijos para complementar sus jubilaciones de montos irrisorios y ni hablar de aquellos que tienen dificultades reales para acceder a un techo o a un plato de comida.



En ese contexto de crisis, es lógico que muchos se indignen al ver que una joven que cobró notoriedad por tomar colegios y sostener posiciones radicales, hoy cobre un sueldo varias veces superior al mínimo, haga notas para medios internacionales y sea tan popular en las redes sociales. Y es que para desgracia de la cosmovisión revolucionaria y contracultural que Ofelia asegura encarnar, para muchos argentinos sujetos a un proceso de empobrecimiento que ya lleva varios años, la clase política independientemente de su color se ha convertido en una nueva oligarquía. Y convengamos que el escándalo del vacunatorio VIP y la insistencia en una reforma judicial de espaldas a las prioridades de la mayoría de los argentinos, han hecho poco para contrarrestar ese sentimiento.



Y después hay una pregunta adicional que Ofelia parece no hacerse pero que hoy muchos jóvenes y no tan jóvenes ponen en duda: ¿Es realmente la política la herramienta transformadora de la realidad por antonomasia? ¿Son realmente los partidos políticos verdaderos vehículos para materializar el espíritu revolucionario de la juventud? Después de varios años años de estancamiento y descrédito de nuestra dirigencia muchos contestan que no. Y esto se vio claramente reflejado durante la cuarentena. Entre el dueño del almacén clausurado por violar un acuerdo de precios que no firmó y las personas enviadas a clausularlo, muchos jóvenes se sienten más cerca del primero ¿Por qué? Porque en definitiva hay un deterioro de la imagen de la actividad pública que cede terreno a la actividad privada.



Con todo ello sobre la balanza, se logra entender perfectamente que Ofelia haya sido tendencia en Twitter por sus dichos una vez más. Ella por su parte, fanática de Game of Thrones como la Vicepresidenta de la Nación, le aseguró al diario español que recurre a su "Daenerys interior para calmarse, para no estallar" y a las clases de teatro a las cuales asiste desde los 9 años para "dominar el miedo y la ira". Sentimientos con los que probablemente conviva de forma cotidiana dada la alta exposición de su rol.



De cualquier manera, una cosa es segura: si Argentina no revierte el estancamiento de los últimos años las clases de teatro vamos a necesitarlas todos. Y a este ritmo cada vez vamos a ser menos los que podamos pagarlas. Si eso sucede, Ofelia va a tener que tomar una decisión: O abrirse de su actual espacio o aprender a lidiar con la incomodidad. La respuesta es dominio de ella.

 

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