Deuda argentinaDeuda argentina.

Por Oscar Lamberto

A los alumnos de las viejas Escuelas de Comercio nos machacaban durante cinco años los principios establecidos por el fraile florentino Lucas Pacioli sobre la partida doble para los registros contables.

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Con los años llegué a comprender que esos principios son mucho más que una técnica de registro, constituyen verdaderas enseñanzas de vida, que si se conocieran podrían evitarse decisiones que con el tiempo devienen en daños a la sociedad.

 

Cuando se realiza un gasto, se compra un bien o se ejecuta una obra alguien en algún momento lo va a pagar, si es en el presente con dinero efectivo, entregando un bien o realizando un trabajo, si el pago será en el futuro se contrae una deuda que deberá cancelarse con algunos de las formas señaladas.

 

Este principio es universal y vale para las personas, las empresas y el Estado. En este último el procedimiento puede aparecer como más sofisticado pero en esencia es igual.

 

Cuando el Estado ejecuta un gasto o hace inversiones en bienes de capital, lo puede cancelar en el propio ejercicio o diferirlo en ejercicios subsiguientes, pago que puede hacer con la recaudación de los impuestos, contrayendo deuda o emitiendo moneda, que también es una deuda, porque es el crédito que los ciudadanos le otorgan al gobierno.

 

Podemos afirmar con certeza  que no hay gastos gratis. Vivimos una época hermosa donde todos los días se reconocen nuevos derechos ciudadanos, derechos que siempre implican gastos y que alguien en algún momento deberá pagar.

 

El derecho primario y más elemental es el acceso al agua potable, sin agua no hay vida, y es un servicio prioritario para cualquier gobierno, y aunque pueda llegar a no cobrarse el servicio como política de Estado es necesario recordar que la provisión de agua potable es costosa y si no la paga el usuario la paga el conjunto de la sociedad a través del presupuesto público.

 

Las necesidades, gustos y derechos pueden ser ilimitados pero los medios para satisfacerlos son limitados, por eso es de buen gobernante establecer prioridades sobre la base de necesidades primarias de la sociedad.

 

Hay un dicho muy arraigado en nuestra sociedad “de  alguna parte  va a salir sangre”, siempre es el fundamento de alguna decisión irresponsable. La suma de esas decisiones irresponsables engordan el déficit público que se paga con deuda o emitiendo moneda, que expande la inflación, que es el peor de los impuestos porque afectan en mayor proporción a los más pobres.

 

Las emergencias  alteran los planes de los gobiernos, inundaciones, sequías, terremotos o como ocurre en estos momentos una pandemia que golpea a todo el planeta,  demanda ingentes recursos, afecta las economías y justifica el uso recursos extraordinarios.

 

Atender los efectos en los habitantes de los distintos territorios y en las economías que le dan sustento es sin duda una de las prioridades del gobierno. Sus costos impactan en toda la sociedad y es función del gobierno equilibrar las cargas con aportes a los que tienen menos recursos y con recaudación impositiva entre quienes tienen capacidad para contribuir o recurriendo al  endeudamiento que impactará en futuras generaciones. La pandemia es un fundamento serio para tomar deuda.

 

Pero ocurre que nuestro crédito internacional  está afectado por una crisis de confianza que aumenta el riesgo país y encarece el costo del endeudamiento, arreglar el frente externo es una condición necesaria para poder tomar deuda a largo plazo con menores tasas que permitan afrontar la pandemia y movilizar la economía.

 

Vivir con lo nuestro es un slogan que suena romántico, pero vivimos mirando el cielo esperando la llegada de un avión con vacunas qué hay que pagar y para ello se requieren divisas. Aquí también funcionan los principios de la partida doble.