Cristina Kirchner y Alberto Fernández, Gobierno, NACristina Kirchner y Alberto Fernández, Gobierno, NA

El consultor catalán Antonio Gutierrez Rubí, quien se ha hecho cargo del diseño de la campaña del Frente de Todos en la búsqueda de recuperar el terreno perdido en las PASO, en una breve nota que publicó en su blog hace una semana, interpela de manera directa el principal inconveniente que asoma en el horizonte de los Fernández, Alberto y Cristina. “Hay un momento de quiebre. Un instante —irreversible— en el que la conexión entre el líder político y el electorado se rompe de manera irreparable. Hasta ese punto, los enojos y los aplausos pueden convivir en un balance soportable, con altibajos, sin riesgo para la confianza. Pero cuando se produce un desgaste continuado de credibilidad, llega el momento decisivo en el que el elector pierde el respeto al representante y la reconexión es imposible, así como lo es la atención. El comienzo de su texto resulta muy interesante y dispara una serie de interrogantes. ¿Habrá sucedido ese instante irreversible que plantea Rubí?

 

La descripción es exacta para explicar el resultado de las elecciones primarias. Una acumulación de errores, muchos no forzados, que fueron desgastando la confianza hacia la figura presidencial. Y, en consecuencia, a la coalición de gobierno. Desde aquellos altos niveles de aprobación al comienzo de la pandemia llegaron los actuales que son de los peores que se recuerden para un jefe de Estado en ejercicio.

 

El final de la publicación referida aplica, sin dudas, a este momento del Frente de Todos: ¿Cuánto pesa un copo de nieve?, se preguntaba Rabindranath Tagore. Nada, decía el poeta bengalí. «Pero hay uno que, acumulado con los anteriores, es capaz de romper cualquier rama». La poesía nos ayuda a entender los estados de ánimo, a comprender las emociones individuales y colectivas. Los copos de nieve parecen insignificantes. Como la gota que desborda el vaso. Pero finalmente hay una que derrama. Nos lamentamos, casi siempre, de la última, pero las anteriores son las decisivas”. La serie de “copos de nieve” que acumuló hasta aquí el gobierno son múltiples. La foto del cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos se convirtió en la gota que rebalsó el vaso. En el punto de no retorno entre la confianza del gobernante con sus gobernados. El Catalán, que escribió ese texto haciendo referencia a presidentes españoles entenderá que aún hay margen para recuperar la confianza perdida en el gobierno. O, al menos, para evitar una catástrofe electoral que ponga en vilo a toda la Argentina.

 

La mayor acumulación de “copos de nieve” es lo que busca evitar Máximo Kirchner, hoy cuestionado internamente pero aún sin que salgan a la luz los comentarios de pasillo. Se los trasladó a sus pares en las reuniones cerradas al estilo logias que utilizó para analizar lo que había sucedido el 12 de septiembre. Futbolero al fin, el primogénito presidencial utilizó una comparación de esa índole para explicar lo que quiere que no vuelva a pasar: Y dijo “Yo soy bilardista (en referencia al ex Dt de la selección argentina), y como dijo les a sus jugadores en el entretiempo del partido contra Brasil en el 90 - donde el dominio del rival era abrumador- por favor!!! pasen la pelota a los que tienen camiseta celeste y blanca”. Soñará con el final de aquel encuentro con victoria para Argentina cuando el desarrollo del juego hacia imposible pensar en ese desenlace. Claro, estaba Maradona y Claudio Caniggia. Hoy no asoman en la política doméstica actores que puedan generar una jugada mágica.

 

Máximo Kirchner se ha puesto el buzo de técnico para influir en el nuevo gabinete de Axel Kicillof imponiendo los cambios con la llegada de intendentes como su aliado Martín Insaurralde o Leonardo Nardini. Aún debe rendir algunas materias para que el vestuario provincial no se le rebele como lo hizo Sergio Berni en la noche de las elecciones primarias. De no haber mediado la acción de testigos, habrían llegado al los golpes. El episodio culminó con un empujón del Ministro de Seguridad, cuyas expresiones verbales difieren según la fuente consultada. La foto de este miércoles con el jefe de gabinete Martín Insaurralde en la escuela Vucetich de la policía bonaerense busca apaciguar una tensión que se arrastra desde el año pasado cuando se produjo el levantamiento de un sector de la policía provincial. Nunca se le fue de la cabeza a Berni que detrás de esos episodios convivieron “aparatos territoriales” que ahora ganan terreno en la idea de seguir incorporando jefes comunales con experiencia al gabinete de Kicillof. El 14 de noviembre podría oficiar como una nueva bisagra.

 

En la flamante estrategia de campaña del oficialismo aparece Alberto Fernández, libreta en mano, anotando en reuniones con vecinos sus peticiones. Allí se ha llevado algunas sorpresas que grafican la distancia del jefe de Estado con la realidad del los barrios del Gran Buenos Aires. Reclamos por el aumento de los precios de la comida a los que Fernández responde que ya han hablado - y amenazado- con los supermercados, sin reparar que sus interlocutores le dijeron que hace años no pisan uno. O como la explicación del Presidente para bajar el precio de la carne frenando las exportaciones que recibió respuestas tales como “¿Sabe cuánto hace que no comemos carne en este barrio?. Indudablemente, el asado allí todavía no llegó. Y las heladeras siguen vacías. Pero lo preocupante no es sólo eso, sino la distancia entre quienes gobiernan y la realidad cotidiana.

 

Vasta tarea debe de preocupar a Gutierrez Rubí, a quien nadie imagina firmando contratos en moneda local cuando, además, es cada vez más difícil convertirla a dólares. Ni siquiera operando en el mercado del contado con liquidación al que le sumaron nuevas restricciones.

 

Asoma un nuevo escenario de conflicto por algo que se ha convertido en tema de campaña. Los planes ya no alcanzan y se descubre su necesidad de convertirlos en trabajo genuino. Este jueves Sergio Massa presentará un proyecto en la Cámara de Diputados. Empiezan a confluir pensamientos que, a priori, parecían divergentes en esta cuestión cuyo peso del Estado es central. Muchos se sorprenderían de las coincidencias entre sectores empresariales y movimientos sociales plasmados en reuniones privadas que se vienen desarrollando. Quizá haya llegado el momento que salgan a la luz. Antes que caiga el próximo “copo de nieve”.

*Por Sebastián Dumont

Periodista de Canal 26

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