Su foto junto a Gisele Bundchen adornó anuncios publicitarios y páginas de la revista Vogue. Sin embargo, aun en su abrazo a la supermodelo brasileña, Keseme Ole Parsapaet dice que nunca dejó de extrañar la granja.

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"Para ser honesto, cuando estaba con esta mujer sólo pensaba en mi ganado y en mis cabras", dijo a la AP en su primera entrevista desde su breve encuentro con el mundo de las celebridades.

El pasado julio, el miembro de la tribu Maasai fue trasladado de su pueblo en Oloomunyi, a las afueras de la capital kenia de Nairobi, a Londres, para posar con Bundchen en un anuncio de Product Red, una campaña en la que compañías como Gap, Emporio Armani, Converse y American Express donan parte de las ventas de ciertos artículos, conocidos como productos Rojos.

La iniciativa fue promovida por el cantante de U2 Bono a beneficio de la prevención del sida en Africa.

Ahora Parsapaet está de vuelta en Oloomunyi, donde la expectativa de vida es de 50 años, la gente bebe agua de lluvia o escala seis millas a un manantial, la malaria es pan de cada día, la electricidad inexistente, y el ganado es arreado al pueblo por las noches para protegerlo de los animales salvajes.

Bundchen gana millones de dólares al año modelando. Parsapaet 90 dólares al mes comerciando reses, y su cuota por el día de trabajo como modelo fue de 5.000 dólares. Pero eso es cinco veces el salario mínimo anual de Kenia.

Usó el dinero para construir una cabaña de estaño de tres habitaciones para él, su esposa y sus dos hijos. Extendió su ganado a 20 reses y más de 150 cabras, y está comprando un camión con remolque para llevar animales al mercado.

"Tener cabras y vacas es más importante que modelar", declaró en lengua Maasai y un amigo suyo tradujo al inglés. Las moscas revoloteaban sobre su cabeza mientras caminaba entre las casas de barro del poblado de 80 habitantes.

Los Maasai son alabados por su elegancia, sus rasgos finos y su habilidad para criar ganado. Parsapaet, quien mide 1,88 metros de estatura, se crió bajo la tradición pese a vivir cerca de la ciudad.

Nunca fue a la escuela, no sabe leer ni escribir, y comenzó a criar cabras a los 8 años de edad. A los 18, dice, mató a un león como parte de su iniciación como guerrero Maasai.

"Todos pensamos que es desternillante tener a un modelo en el pueblo", dijo Jackson Siolol, un amigo de la infancia de Parsapaet.

Fue él quien puso a su amigo de 28 años en contacto con la agencia de modelaje más antigua de Kenia, SuraZuri, que buscaba a un Maasai para la campaña Project Red.

La mañana de su viaje a Londres, su padre lo bendijo bañándolo de la cabeza a los pies en leche de vaca.

"Los Maasai son muy dignos y lucen bien frente a una cámara", dijo Lyndsey McIntyre, quien fundó SuraZuri hace 20 años. "Keseme es tan natural frente a la cámara y para él no significaba nada quiénes eran esas personas".

Parsapaet dice que nunca había oído de Bundchen, de 26 años, hasta su sesión de fotos, y que no ha vuelto a escuchar de ella desde que regresó a su pueblo. Sin embargo, exhibe dos de sus fotografías juntos en su nueva casa.

"Sería bienvenida a visitarnos para que vea cómo vivimos", dijo Parsapaet. "Sacrificaríamos una cabra y la asaríamos y beberíamos sangre de vaca mezclada con miel. Esa es la bienvenida tradicional Maasai y ella sería nuestra invitada. Pero no podría persuadirme de abandonar mi vida aquí", concluyó.