EMPRESA EN PELIGRO

Efecto de la dura crisis en la economía real: Arcor, en su peor momento

Pese a ser una de las empresas argentinas con mayor presencia mundial, Arcor tuvo pérdidas por $6.200 millones. Reestructurará sus pasivos en dólares.
Martes 13 de noviembre de 2018

Luis Pagani - ARCOR (NA)

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La crisis económica golpea a toda la Argentina, y muy en especial, deja su marca en varias de las más importantes empresas del país. La altas tasas de interés y la impresionante devaluación del peso en los últimos meses, hizo efecto sobre Arcor, una firma que está a punto de iniciar un proceso de reestructuración de sus pasivos.

 

Según los estados financieros de Arcor al 30 de septiembre de este año, mostraba una pérdida de $6.247 millones, un hecho que contrasta notablemente cuando hace un año exhibía una ganancia que superaba los $1.000 millones.

 

Arcor -como otras firmas similares del sector alimenticio- sintió en carne propia la brusca caída de ventas de los artículos de consumo masivo que produce, algo que a su vez se marca con el traslado a segundas y terceras marcas, que -sin embargo- no compensan el costo de mantener una primera marca, que entre otras cosas, implica gastos por presencia de marca en góndola, repositores, inversión publicitaria, costos de distribución y una intensidad promocional para poder competir que reduce los márgenes de ganancia.

 

El duro golpe que acusa una empresa como Arcor, se dio además por una espiralización sin precedentes de sus gastos financieros que pasaron de $2.000 millones en 2017 a más de $13.000 millones durante el corriente años de 2018, como consecuencia de la devaluación sobre su deuda en dólares.

 

"Tienen un volumen muy alto de Obligaciones Negociables (ON) en dólares. Normalmente las empresas las van renovando, pero como se cerró el mercado de capitales en dólares y el financiamiento en pesos tiene tasas inviables, no tienen otra salida que ir hacia una reestructuración. Es un default elegante, pero no tienen otra alternativa. Claramente vendiendo galletitas no podés cubrir un agujero de $6.200 millones", dijo Francisco Uriburu, analista de mercados.

 

El caso de Arcor activa todas las alarmas ya que se trata de una compañía muy bien conducida desde siempre, con gran prestigio, mientras que al mismo tiempo jamás se vio involucrada -o relacionada- en ningún caso de corrupción con ninguno de los Gobiernos argentinos a través de los años.

 

Para Arcor dio buenos resultados su estrategia de globalización, con la instalación de plantas industriales modelo en México, Chile, Perú y Brasil.

 

Pese a ello, el 72,9% de las ventas de Arcor son en Argentina, con el 41% producto de golosinas y chocolates y un 27,7% en galletas, lo que la hace muy dependiente de los vaivenes económicos locales.

 

Pagani apoyó al Gobierno de Macri de entrada, con palabras, pero también con hechos. En 2016, tomó 300 millones de dólares de deuda para importantes inversiones, algo que evidentemente no le ha salido bien.

 

En el mercado estiman que Arcor se verá obligada a hacer una reestructuración de su pasivo con un mecanismo denominado APE (Acuerdo Preventivo Extrajudicial), que fue el utilizado recientemente por Enrique Pescarmona para salvar a Impsa de la quiebra. En rigor, la propia Arcor ya realizó una operatoria similar luego de la crisis del 2001, donde refinanció todos sus préstamos bancarios por 184 millones dólares y 34 millones de pesos, los cuales terminó de pagar en el año 2008.

 

"Esto es sólo un botón de muestra de lo que está pasando en el país. Se están cayendo todas las empresas y pronto vendrán más convocatorias", advirtió un analista.

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ECONOMÍA ARGENTINA

El Gobierno busca ponerle un candado al dólar y endurece el cepo cambiario

Las negociaciones con los bonistas podrían alargarse varias semanas más. Mientras tanto, la preocupación oficial es evitar nuevas corridas cambiarias en medio de este proceso
Domingo 3 de mayo de 2020

Martín Guzmán, ministro de economía, NAMartín Guzmán, ministro de economía, NA

La deuda externa argentina se encuentra un momento clave y se esperan respuestas de los bonistas para conocer el futuro económico de nuestro país.

 

Si bien una parte de los bonistas concurrirá al canje, una proporción importante no lo aceptará. Con lo cual la nueva deuda comenzaría a cotizar en forma normal, pero una gran proporción de bonos terminará en default. En el canje de 2005 el grado de aceptación de la propuesta (también agresiva) de la Argentina había llegado a 76,15%.

 

En Wall Street descuentan que las negociaciones continuarán varios meses luego de cerrada la transacción hasta llegar a un acuerdo final. Sería una locura, interpretan, que ante la gigantesca caída que sufrirá la Argentina en medio de la cuarentena -como sucede en tantos países- se apueste a una recuperación sin acceso a los mercados.

 

Mientras, la decisión del Gobierno es tratar de “blindarse” ante el impacto negativo que significaría un nuevo default. Y todas las miradas apuntan al dólar.

 

Aún cuando abril es “temporada alta” para el ingreso de divisas proveniente de la cosecha de soja, igual el Central tuvo que vender alrededor de USD 50 millones diarios en la última semana. Quiere decir que las liquidaciones de los sojeros son las mínimas indispensables y que en el mercado sigue la presión por acceder al dólar oficial.

 

Por eso el titular de la entidad, Miguel Pesce, decidió restringir el acceso al mercado cambiario (es decir no podrán atesorar divisas) a todas las empresas que hayan accedido a alguna línea con subsidio del Estado nacional, como la que salió a tasa del 24% para pago de sueldos. Y este grupo sólo podrá comprar importar si se trata de bienes destinados a insumos necesarios para la producción.

 

También se limitó a bancos y casas de cambio para operar en el negocio de cambio, impidiendo que las sociedades de Bolsa ofrezcan a sus clientes esta opción. Algunas tendrán que adecuarse comprando patentes cambiarias para ofrecerlo.

 

La balanza turística no es un problema en medio de la cuarentena y posiblemente termine casi equilibrada el 2020. Nadie viaja pero nadie entra. Lo que originalmente se buscaba con el impuesto PAIS (recargo de 30% para todas las compras en dólares) lo “consiguió” la pandemia.

 

Resumiendo: el Central ya no destinará reservas al pago de la deuda, tampoco saldrán dólares por turismo y sólo habrá divisas para importadores a cuentagotas. El objetivo es blindar los USD 43.500 millones de reservas que quedan en el Central, que es el último refugio para evitar un escenario de estallido inflacionario. El objetivo es que el tipo de cambio oficial se siga deslizando suavemente. En el año la suba fue del 11,5%, incluso menos que en la mayoría de los países de la región, generando nuevamente un escenario de atraso cambiario.

 

Pero el esfuerzo oficial no se agota ni mucho menos en tratar de “blindar” las reservas. La mirada está puesta ahora en el tipo de cambio “libre”, tanto en su versión “dólar Bolsa” como en el “contado con liquidación”. Allí radica el “éxito” de un eventual default: aguantar la tormenta todo lo posible, evitando que se produzca una estampida cambiaria que podría generar un clima de gran desconfianza.

 

En las últimas jornadas se sucedieron una serie de medidas que apuntan a reducir las operaciones que apuntan a una cobertura cambiaria en los mercados bursátiles. Primero fue la Unidad de Información Financiera quien advirtió a las sociedades de Bolsa que detrás de estas transacciones se esconden posibles operaciones de “lavado de activos”. Y las hizo cómplices en caso de que esto se compruebe.

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PANDEMIA DE CORONAVIRUS

Economía tras coronavirus: ¿por qué se prevé un mundo más pobre, más endeudado y más desigual?

Lo plantea el economista Nouriel Roubini y coinciden Stephen Roach, de Yale y, para la Argentina, Víctor Beker, de la Universidad de Belgrano. Repasá el análisis en la nota.
Domingo 3 de mayo de 2020

Coronavirus en España, REUTERSCoronavirus en el mundo, REUTERS

Con más de 1,2 millones de trabajadores suspendidos y con descuentos ya acordados del 25%, millones de monotributistas y autónomos en serios problemas y centenares de miles de pymes que a duras penas pagaron los sueldos de marzo y no saben aún cómo completarán los de abril e incluso si podrán seguir en pie, el Gobierno reconoció los gravísimos costos que las medidas para contener la pandemia de la COVID-19 han causado a la economía argentina.

 

Además, las previsiones iniciales, tanto a nivel mundial como nacional, no son auspiciosas: será una economía más pobre, más endeudada y más desigual.

 

En un artículo para Project Syndicate, Nouriel Roubini, apodado el “Doctor Catástrofe” por haber previsto la crisis financiera 2008/2009, enumeró algunas características de lo que llamó la “Depresión más grande” que la iniciada en 1929 y que marcó los años treinta del siglo pasado.

 

1. Roubini avizora una mundial híperendeudada y una era de defaults masivos, por el aumento de los déficits fiscales y la pérdida de ingresos de empresas y familias, que llevará a una cadena de insolvencias y comprometerá los sistemas bancarios.

 

2. La mayor conciencia sobre la necesidad de mejorar los sistemas de salud pública acentuará el déficit de los sistemas jubilatorios debido a la “bomba de tiempo demográfica” de los países avanzados.

 

3. Depresión, dibujando una evolución del PBI mundial en forma de L.

 

4. Pérdida de respaldo de las divisas, por la necesidad de monetizar los déficits) resultará en un período de estanflación (estancamiento con inflación).

 

5. La “disrupción digital”: millones de personas perdiendo sus actuales trabajos o trabajando por menos y en medio de crecientes brechas salariales. Para prevenir futuros “shocks de oferta” (como el derivado del cierre inicial de gran parte de la economía china), dice Roubini, las firmas transnacionales llevarán de vuelta a sus países de origen gran parte de la producción, pero con más automatización que empleo de mano de obra local.

 

Para el caso local, el economista Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, reconoce que es aún difícil proyectar cuál será la magnitud del impacto negativo sobre el PBI 2020, aunque cita la proyección de Cepal (caída del 6,5%) y marca diferencias entre el sector agropecuario, que siguió trabajando a pleno y cuya evolución dependerá más de factores climáticos que de la pandemia, la industria, muy fuertemente afectada, y los servicios, que tuvieron suerte muy variada: desde turismo, hotelería, gastronomía y comercio minorista casi en colapso, hasta sectores como tecnología e informática, que aceleraron el impulso que ya tenían.

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