Eva Perón, natalicioPor Antonio Arcuri*.

 

La figura de Evita se ha convertido en abanderada de derechos, símbolo solidaridad, de entrega en la lucha diaria y perseverancia en el reclamo; todas y cada una, singularidades que dignifican la tarea de la política  como herramienta de cambio.


Desde su nacimiento en la ciudad de los Toldos el 7 de mayo de 1919, hasta su encuentro con Perón, María Eva Duarte había demostrado esas cualidades para convertirse en una figura artística de renombre.


De aquel día en que confluyeron Perón y Evita para una tarea solidaria en beneficio de la población de San Juan que habían sufrido un terremoto hasta su muerte, poco tiempo paso pero sirvió para ser columna y honra del Movimiento Nacional que construyó el General.


La vida política de Evita está marcada por vivencias que han servido de ejemplo para las generaciones que la sucedieron, reinterpretadas por distintas vertidas, pero siempre con una misma base filosófica, la entrega en cuerpo y alma, a una causa profundamente humanista.


Con su labor se ha convertido en una figura que ha traspasado los limites partidarios, así como alguna vez fue denostada e incomprendida, hoy nadie puede discutir su trascendencia por sus hechos, en una época que los derechos se comenzaban a afianzar en nuestra república.

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Una síntesis de las convicciones de Evita se trasluce en una frase que pronunciara el 17 de Octubre de 1951: “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria”.

 

(Ex Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación)