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Por Sebastián Dumont.

El devenir del PJ bonaerense, que va camino a quedarse en manos de Máximo Kirchner puso de relieve, una vez más por si hiciera falta, la existencia de un proyecto político dentro del oficialismo que tiene al Presidente Alberto Fernández como un elemento táctico y nada más. Mismo rol que le adjudican a los intendentes del conurbano bonaerense a quienes supieron llamar “barones” por sus características a la hora de hacer valer su poder territorial para, de ser necesario, poner en duda los esquemas nacionales y provinciales. Todo aquello parece desvanecerse ante el avance de un sector del oficialismo ligado a Cristina Kirchner con ansiedad de controlar todo lo que se le cruce en su camino hacia la consolidación de un poder negado en su momento por la imposibilidad de reformar la constitución tras los comicios del 2013.

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El 2020 se fue con varias incógnitas políticas y algunas certezas. Entre estas últimas la confirmación que la creación del “albertismo” no llegó nunca a gestarse. Anidó solo en la ilusión de quienes creían ver detrás de la figura del Jefe de Estado a alguien dispuesto a seguir los pasos de quien fuera su jefe político: Néstor Kirchner. Es decir, revelarse ante quién le dio las llaves del poder. A la luz de los acontecimientos, aquello se trató sólo de una ilusión fomentada por dirigentes, que soñaban con mantenerse en la linea del medio, pero con el dispendio que da manejar cierto poder institucional.

 

Sólo en la intimidad se sabrá si, alguna vez, Alberto Fernández les dio señales de que avanzaría en ese sentido o se trató de creencias construidas en los anteriores ejemplos históricos. Tampoco se podrá decir que estamos ante un hecho similar al de 1973 cuando Héctor Cámpora cedió ante el “entrismo” de sectores de izquierda disfrazados de peronistas, algo que enfureció a Perón quien luego lo terminó desterrando de sus cercanías. La Vicepresidente Cristina Kirchner denota molestia con el jefe de Estado pero las causas serían muy distintas a aquellas. No lo ve como un desafío a su poder, sino todo lo contrario. Hay que remitirse a los hechos diarios luego de cada intervención de la ex Presidente. Sucede lo que ella reclama. Aunque por ahora no se traduzca con la velocidad que hubiera querido en el ámbito judicial.

 

La decisión táctica de ubicar a Fernández como candidato a presidente obedeció a poder capturar a los sectores medios cansados de la grieta que habían perdido representación. El hecho que Sergio Massa se sumara a la coalición fue también en ese sentido. Sin Alberto Fernandez como candidato no habría sucedido. Una vez consumado con éxito la operación, Cristina Kirchner y los suyos se disponen a una nueva fase: consolidar y expandir su poder. Y como viene sucediendo con cada vez más notoriedad, la política de la Argentina se reduce casi con exclusividad a quien controla el Conurbano Bonaerense. En la actualidad, nadie duda que ese galón lo tiene de su lado Cristina Kirchner. La idea de controlar el PJ bonaerense responde a un mensaje político más que a una cuestión técnica.

 

Con esa claridad que, guste o no, expone el proyecto del oficialismo la pregunta empieza a trasladarse a la oposición. Juntos por el Cambio se encamina a realizar los mayores esfuerzos para mantener su unidad que asoma como muy laboriosa en virtud de la entendible indecisión aún de María Eugenia Vidal y las declaraciones de Elisa Carrió anunciando una candidatura en territorio bonaerense.
La moderación esperada en Alberto Fernández que provocó crecimiento en las encuestas al comienzo de la pandemia en linea con las fotos junto a Horacio Rodriguez Larreta y Axel Kicillof hoy le da paso a una nueva pregunta: ¿Quien representará la tercera vía? ¿Hay lugar para que eso suceda?

 

Las respuestas dependerán de varios factores, pero sobre todo de aquellos dirigentes que están dispuestos a romper con estructuras anidadas y se animen a ir un poco más allá de lo preestablecido. El último intento exitoso de lectura sobre esa realidad la hicieron Sergio Massa y un grupo de intendentes en 2013 cuando nació el Frente Renovador. Replicar aquello parece ser un desafío con algunas dificultades adicionales a tener en cuenta. Una de ellas es el avance del Estado “clientelar” que convierte en más dificultoso la posibilidad de construir sin las herramientas proporcionadas por el propio manejo de la caja. Es solo un ejemplo de muchos otros.

 

La decisión de avalar la llegada de Máximo Kirchner a la presidencia del PJ provincial es un hecho consumado. Como suele expresar un conocedor acabo de la política bonaerense a los intendentes les están “pagando un un cheque diferido”. Es decir promesas. Una de ellas es revisar la famosa cláusula sobre las reelecciones. ¿Por qué esperar a la justicia y hacerlo desde la política si hay tanto consenso? Preguntas que aguardan respuestas.

 

Quien todavía se mantiene inflexible en ese avance es Fernando Gray, el intendente de Esteban Echeverría que intercala la presidencia del PJ con Gustavo Menéndez. Este miércoles envió otro mensaje al difundir una foto con la leyenda “Yo me planto”. El resto de sus colegas creen que, en algun momento cederá. ¿Hay quien pueda ser el hoy el Sergio Massa del 2013?

 

Quizá Gray cómo otros dirigentes estén observando lo acéfalo que está la representación de una tercera vía que pueda interpretar el pensamiento de una sociedad media que, a medida que pasan las elecciones y los gobierno, se va reduciendo cada vez. De la profundización de la grieta política ya se sabe quienes son los ganadores siempre. Y, por supuesto, también los perdedores.