Chule Valerga junto a Diego Torres y Débora BelloDiego Torres, Guadalupe Santa Cruz y Débora Bello, Foto: Chule Valergas.

Guadalupe Santa Cruz trabajaba en escuelas como profesora en Bellas Artes. Como a muchos, la pandemia le dio vuelta su mundo y aprovechó el tiempo entre clases online para explotar una de sus pasiones escondidas: pintar murales. Casi dos años después, su nombre se catapultó y ya pintó más de 40 ejemplares en Buenos Aires y Miami, entre ellos, uno en la casa que el cantante Diego Torres tiene en la ciudad estadounidense.

 

En una nota de Mercedes Soriano para La Nación, la periodista cuenta que a pesar de hoy posicionarse como un nombre que despega en el ambiente de la decoración con murales, esta faceta artística estuvo contenida casi toda la vida de Guadalupe. La inquietud de tachar su cuenta pendiente tuvo su puntapié con las clases virtuales, para las cuales tuvo que hacer videos explicativos y mandárselos a sus alumnos. En esto la ayudó su marido, un fotógrafo profesional, a quien el encierro dejó sin trabajo y con las manos libres. Los planetas se alinearon y la pareja unió fuerzas: él filmaba con su ojo entrenado y ella hacía lo suyo.

 

El material le sirvió tanto que se abrió un canal de YouTube, Taller Guada Santa Cruz, y sus contenidos más destacados llegaron hasta casi 80.000 reproducciones, un alcance impensado para ella. La señal de que su trabajo tenía un público mucho más grande del que venía manejando fue el empujón necesario para poder volcarse a su verdadera pasión. A su vez, lo único que veía en sus redes sociales eran murales y eso la motivó a dar el paso que faltaba: con los 5000 seguidores que había acumulado hasta el momento sorteó un mural en su Instagram para hacer su primer intento. El ejemplo que mostraba en la publicación era un modelo botánico que pintó en la oficina de su marido, quien filmó su proceso y resultado final para el posteo. Entre la ganadora y otra seguidora que pidió en los comentarios uno para ella hizo sus primeros proyectos con clientes.

 

Con ese portfolio en mano y la difusión casera la llamó la maquilladora profesional Luli de la Vega (muy solicitada en el ambiente del espectáculo) para pedirle uno que decorara su lugar de trabajo. El tránsito de modelos y diseñadores que pasaron por sus sillas devino en que la cantante Ángela Leiva posara con el mural botánico de fondo y que luego éste saliera en varias revistas.

 

De la mano del reconocimiento vienen las alianzas con marcas. Fue así como durante sus vacaciones en la Costa argentina se puso en contacto con Oh My Chalk, una marca de pinturas de tiza que antes había manifestado su interés de trabajar con ella, y usó sus materiales para pintar ad honorem una casa de surf para un emprendimiento que recién nacía. El éxito de ese mural llevó a la nueva marca a recomendarla para una terna en un popular stand de autos en Cariló para pintar un mural gigante en el marco de un evento que reunía a mujeres referentes en su campo de trabajo, y su arte salió seleccionado para hacer ahí su magia. Allí conoció a Feli de La Garma, actriz y humorista, que le encargó un mural para su casa y la ayudó a despegar en redes. Entre los encargos también realizó un curso de redes sociales para empezar a aparecer más en este área y posicionarse en el rubro.

Chule Valerga junto a Diego Torres y Débora BelloDiego Torres, Guadalupe y Débora, Foto: Chule Valergas

Esas acciones levantaron vuelo en sus propias redes y empezó a crear una comunidad que la respaldara, difundiera y demandara su producto. “Eso me dio un empujón enorme de seguidores y de pronto ya estaba viviendo de eso, se convirtió de sueño en realidad. Agendaba todas las semanas un mural o dos distintos”, cuenta.

 

Cada paso adelante la ayudó a tener un respaldo mayor y a transmitirle más confianza a sus clientes: “El trabajo para el cliente directo lo hago sin boceto porque conoce tu trayectoria, te manda referencias y por ejemplo te habla de la flor que les gusta. En esa mezcla se arma algo, se elige una imagen dominante y después compongo con libertad y cada vez me la dan más; siento que voy armando trayectoria y ven que la mayoría de mis trabajos les gustan y se relajan”. En cambio, explica que el trabajo para las empresas requiere de un seguimiento más riguroso y bocetos más específicos antes de empezar a pintar.

 

Con una mano en las casas y otra en las marcas, rápidamente su nombre empezó a resonar y sus pinceladas llegaron a las paredes de empresas como La Serenísima y Sofi Martiré. Entusiasmada por su nuevo hobbie, tuvo como deseo de año nuevo para recibir el 2021 que este oficio se econvirtiera en su fuente de ingreso y se dispuso a explorar nuevos mercados. Un viaje programado a Estados Unidos la alentó a contactarse con una influencer de moda argentina que hace seis años vivía allí. Fue así como pintó su primer mural en Miami -un botánico blanco, negro y gris con palmeras- y su arte comenzó a conquistar el país angloparlante. Entre sus 80.000 seguidores se encontraba Débora Bello, la ahora ex esposa de Diego Torres, quien le pidió un mural suyo en la entrada de su casa. Y Guadalupe lo agendó para su próximo viaje.

 

En su retorno a Miami, ya con una agenda de trabajo más abultada, vivió el trabajo como artista acompañada de otro artista al lado en una experiencia que describe como enriquecedora: “Diego miró todo el proceso, quería ver cómo lo construía, disfrutando que estemos ahí y de verme trabajar. Hicimos un muy lindo vinculo él, mi marido y yo”. “Eso me dio consolidación y reconocimiento entre mis pares y para mis seguidores pasé a ser palabras mayores”, agregó. Esa validación se vio reflejada en la demanda, ya que en ese viaje pintó seis murales en 14 días y más tarde recibió otra solicitud del cantante para que haga un mural más en su casa.

 

Su historial también cuenta con un costado solidario que planea seguir explotando. Hizo trabajos gratuitos en la Casa Garrahan donde se alojan niños del interior de bajos recursos que tienen que hacerse tratamientos prolongados en el hospital, y en la Casa Posadas, que tiene el mismo fin orientado a pacientes adultos que se atienden en el hospital Posadas.

 

Creatividad, tiempo y ojo artístico son algunos de los ingredientes para hacer un mural. Para Santa Cruz, el precio de su trabajo varía según de qué lado de la frontera haga sus trazos. Cuando vio que podía rentabilizar la realización de murales como trabajo constante, adecuó los precios para cobrar aproximadamente $12.000 el metro cuadrado, dependiendo si los dibujos son lineales o no, ya que la técnica puede requerir de más capas de pintura y por ende extender el tiempo de trabajo e insumir más materiales.

 

Cuando su trabajo es en otro país, como en Estados Unidos, el valor aumenta ya que debe cubrir el traslado y hospedaje. Es por eso que fuera del país puede llegar a cobrar US$300 el metro cuadrado. Cuenta que sus clientes son todos argentinos y que el año pasado, al tener tanto trabajo, estuvo menos presente en su casa por lo que le gustaría hacer un promedio de un mural por semana.

 

Fuente: Mercedes Soriano para La Nación

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