LUCHA CONTRA LA PANDEMIA

Coronavirus: ¿dónde y para qué se usan los tests desarrollados en la Argentina?

Son tres test: uno para detectar y medir anticuerpos contra el SARS-CoV-2, y dos para detectar el virus y hacer diagnóstico. Conocé todos los detalles en la nota.
Lunes 29 de junio de 2020

Test contra el coronavirus fabricados en ArgentinaTest contra el coronavirus de origen argentino

Los tests desarrollados por investigadores del Conicet ya están en uso y son tres: uno para detectar y medir anticuerpos contra el SARS-CoV-2, y dos para detectar el virus y hacer diagnóstico.

 

El primero que se conoció, a 45 días del primer paciente identificado en el país, es el Covidar IgG, una prueba serológica para medir e identificar anticuerpos contra el coronavirus que se generan en el organismo del paciente entre siete y nueve días después del comienzo de los síntomas. Generado por la viróloga Andrea Gamarnik y su equipo de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET, en respuesta a la convocatoria del "Unidad Coronavirus COVID-19" conformada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT), el CONICET y la Agencia Nacional de Promoción I+D+I, ya alcanzó las primeras 100.000 determinaciones y se distribuye de forma gratuita a hospitales y centros de salud, públicos y privados.

 

Este test permite determinar la presencia de anticuerpos específicos contra el nuevo coronavirus, pero además cuantificarlos en el plasma de pacientes recuperados que se utiliza con fines terapéuticos. También puede utilizarse como una herramienta para medir la circulación del virus en la población. Por su gran especificidad y sensibilidad, presenta un excelente desempeño comparado con kits serológicos importados.

 

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Según un comunicado de la FIL, Covidar IgG ya está disponible en más de 70 hospitales y clínicas del país para el seguimiento de pacientes internados. El Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires lo está empleando para el estudio de médicos, enfermeros, ambulancieros y personal administrativo, logístico y de limpieza.

 

Otra aplicación es la "titulación" o determinación de los niveles de anticuerpos que tienen los sueros donados por convalecientes para evaluar su posible aplicación a personas que están cursando la enfermedad.

 

Lo utilizan en sus ensayos clínicos el Hospital Italiano de Buenos Aires y la Fundación Infant. Esta última recibió más de 3000 determinaciones para su estudio clínico que intenta determinar la eficacia de la administración temprana de ese tratamiento en los cuadros graves de Covid-19 de adultos mayores.

 

Además del test serológico, la Anmat aprobó dos tests moleculares locales para detección del nuevo coronavirus que no necesitan equipos tan complejos como la PCR y dan el resultado en entre una y dos horas. Uno es el Neokit, desarrollado por investigadores del Instituto Milstein en colaboración con el Laboratorio Cassará, que está en pleno escalado de producción.

 

"El primer lote de capacitación se probó en hospitales de la provincia de Buenos Aires y de CABA", comenta Adrián Vojnov, quien lideró el desarrollo. El Malbrán hizo una evaluación de nuestro kit con muestras de pacientes del conurbano y hubo una coincidencia del 100% con respecto a la PCR. Ya se usaron 1500 determinaciones para entrenar a personal de capacitaciones en el Hospital Rossi de La Plata, en San Fernando, en Malvinas Argentinas, en el Fiorito y en el Muñiz, de CABA.

 

Del ELA-Chemstrip, desarrollado por las universidades nacionales de San Martín y de Quilmes, con dos compañías tecnológicas (Chemtest y PB-L) ya se enviaron 500 determinaciones al hospital Mariano de la Vega, de Moreno, 2000 al San Juan de Dios, de La Plata, 500 al Gandulfo, de Lomas de Zamora, 500 al Presidente Perón, de Avellaneda, y 1500 al Presidente Carlos Néstor Kirchner, de Escobar. Esta semana se enviaban 1000 a Santiago del Estero y 15.000 más a laboratorios privados de AMBA y públicos del conurbano, informó Diego Comerci, codirector del grupo que diseñó esta herramienta.

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PANDEMIA DE CORONAVIRUS

Coronavirus en Argentina: la fecha de saturación del sistema sanitario ante la nueva evidencia

La persistencia de un fuerte aislamiento social en el AMBA, durante más de 4 meses, representa una falencia que se agrava cada día por cuanto los costos económicos, sociales, emocionales, políticos.
Lunes 6 de julio de 2020

Coronavirus en Argentina, hospital, NAHospitales de AMBA, NA.

Santiago Urbiztondo, economista jefe de FIEL, escribió un artículo desmostrando algunas premisas que pueden llegar a suceder. La persistencia de un fuerte aislamiento social en el AMBA, durante más de 4 meses, representa a mi juicio una falencia que se agrava cada día por cuanto los costos económicos, sociales, emocionales, políticos y hasta de salud futura se vuelven desproporcionadamente grandes. Más aún, mantener una cuarentena hasta la aparición de una vacuna o un tratamiento altamente efectivo (que podrían demorarse varios meses o años), dada la posibilidad cierta de que la primavera no traiga consigo el alivio típico de otros virus (como se desprende de los rebrotes en estados del sur de EE.UU.), luce impracticable.

 

¿Cuánto tiempo hay para tal experimento? ¿A qué distancia (en días) estamos de agotar la capacidad de atención crítica (simplificadamente expresada por la cantidad de Unidades de Cuidado Intensivo –UCI)? Distintas proyecciones –muchas veces referidas oralmente por distintas autoridades sanitarias y especialistas del país, desde hace varias semanas– parecen indicar que de mantenerse la evolución actual del virus en el AMBA quedan pocas semanas hasta dicho “colapso”. Frente al miedo a que ello ocurra, ingresamos en una “cuarentena reforzada” entre el 1 y el 17 de julio.

 

Las referencias a una alta y creciente ocupación de las UCI, a que el 5% de los contagios requerirán internación en UCI cuya duración promedio superará los 20 días, sin cifras o fuentes concretas al respecto, ha sido un clásico. El Ministerio de Salud de la Nación ha mejorado recientemente la información que hace pública de manera diaria con el fin de realizar estos cálculos. Hasta hace un par de semanas circulaban por los medios periodísticos distintas cifras sobre la cantidad de UCI en las distintas jurisdicciones del país y la ocupación de dicha capacidad por parte de pacientes con Covid-19 y con otras patologías (por el lado de la oferta), pero también sobre el porcentaje de casos que requieren internación en UCI y de su estadía promedio (por el lado de la demanda). Las referencias a una alta y creciente ocupación de las UCI, a que el 5% de los contagios requerirán internación en UCI cuya duración promedio superará los 20 días, sin cifras o fuentes concretas al respecto, ha sido un clásico.

 

Ahora bien, esta nueva información pública permite verificar que algunos de los parámetros que preanunciaban el inminente colapso del sistema sanitario eran incorrectos: la Figura 1 muestra que el porcentaje de casos Covid-19 internados en UCI (utilizando 3 aproximaciones distintas) cayó fuerte desde marzo, ubicándose desde junio en torno o por debajo del 2% (lo cual, comparado con el 5% de internaciones supuestas en base a las expectativas tempranas de la OMS, equivale en términos de capacidad de atención crítica a contar con 150% más de UCI).

Gráficos covid-19 UCI

 

El porcentaje de casos Covid-19 internados en UCI (utilizando 3 aproximaciones distintas) cayó fuerte desde marzo, ubicándose desde junio en torno o por debajo del 2 por ciento. Mientras que la Figura 2 muestra que el tiempo promedio de internación en UCI de dichos pacientes ha promediado 15 días desde el inicio de la pandemia pero sólo 13 días durante junio (lo cual equivale, comparando con internaciones de 20 días, a un aumento de más del 50% de la cantidad de UCI). (Los detalles técnicos de estas estimaciones pueden consultarse en Urbiztondo, S.: “Covid-19: Nueva evidencia para recalcular la fecha de saturación del sistema de atención crítica (UCI)”, Indicadores de Coyuntura No. 621, FIEL, Julio 2020.)

Gráficos covid-19 UCI - Figura 2


Estas regularidades son consistentes con una noticia potencialmente muy auspiciosa: la demanda decreciente de UCI por parte de los nuevos casos de Covid-19 podría deberse a una reducción de edad promedio de los nuevos contagios, o a mejoras en los tratamientos aplicados al progresar la pandemia. Alternativamente, podría obedecer al mayor testeo de casos asintomáticos o leves a medida que aumenta la capacidad de realizar testeos o cambia la estrategia sanitaria de manera tal que aumenta el porcentaje de tests PCR positivos (como con el Plan Detectar, por ejemplo).

 

En todo caso, aun cuando esta interpretación quede pendiente (a cargo de especialistas obviamente), o tal vez ya sea conocida en ciertos ámbitos, no deja de ser cierto que proyectar la demanda de UCI con los supuestos habituales conduce estimar un agotamiento más próximo del sistema de salud, que resta libertad para evitar persistir en una estrategia (de aislamiento extremo) que además de ser altamente costosa en muchos sentidos es a todas luces insostenible en el tiempo.

 

Proyectar la demanda de UCI con los supuestos habituales conduce estimar un agotamiento más próximo del sistema de salud, que resta libertad para evitar persistir en una estrategia (de aislamiento extremo) que además de ser altamente costosa en muchos sentidos es a todas luces insostenible.

 

Las proyecciones más apropiadas del tiempo disponible hasta la saturación del sistema de atención crítica seguramente deban combinar o promediar estimaciones para el AMBA y el conjunto del país (donde hay más tiempo -51 días en una estimación cualitativa similar a la de la columna 1) dado que es razonable suponer alguna flexibilidad en los traslados para internaciones de pacientes entre jurisdicciones –incluido el interior de la provincia de Buenos Aires–, y también incluir algún margen de prudencia frente al riesgo (por ejemplo, de un aumento repentino de la velocidad de contagios, o de que parte del personal médico especializado no esté disponible durante el pico de la pandemia), pero ello debe partir de la mejor estimación posible del tiempo disponible según la evidencia disponible, cuya credibilidad seguramente ayude a lograr algún consenso mayor sobre qué hacer de aquí en más.

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Se curó de coronavirus, donó plasma, viajó a España para estudiar y perdió todos sus anticuerpos

Marisol San Román voló a Madrid para completar la Maestría que dejó en suspenso en marzo cuando se contagió allá de coronavirus. Los temores que regresaron al saber que ya no tiene inmunidad contra el coronavirus.
Lunes 6 de julio de 2020

Argentina en España Marisol con un amigo en una de sus primeras salidas al llegar a España.

Marisol San Román estuvo 45 días confinada, enferma de coronavirus. El 15 de abril le llegó un mail que la hizo feliz: el análisis de PCR le había dado negativo. Y recién un mes más tarde pudo donar plasma. Y lo hizo cuatro veces: el límite permitido. El 27 de junio, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, Marisol San Román, la “paciente 130″, regresó a Madrid. Al lugar donde el 10 de marzo se contagió de Covid-19 por compartir un lápiz labial con una chica mexicana. Fue a cerrar un ciclo, a completar la Maestría en Administración en la IE University, que pertenece al Instituto de Empresas. A liberarse de todos los fantasmas.

 

Cuando llegó a Ezeiza -dice- “me pareció una ciudad fantasma. No había nadie. Y el control es muy estricto. Primero, hay que estar con barbijo todo el tiempo. Tenés que mostrar que vivís legalmente en otro país. En mi caso tuve que mostrar mi papel de residencia en España, la matrícula de la Universidad, el alquiler del departamento, el seguro médico, los papeles del banco y mi empadronamiento en el ayuntamiento de Madrid”. Cuando pasó el check-in la aguardaba Migraciones. “Ahí tuve que firmar un papel donde decía que la Argentina no se hacía responsable de repatriarme, que me iba consciente que había una pandemia y bajo mi responsabilidad. Y después entrás al avión”, señala.

 

Al ingresar a la aeronave sólo le pidieron el ticket. Tomó una bolsita de plástico con snacks y agua -”las azafatas ahora no te llevan la comida”- y debió estar todo el viaje con el barbijo puesto. “No se puede hacer fila para ir al baño y se desciende de a uno”, cuenta.

 

En España se chocó con la nueva normalidad, y una noticia que la shockeó. Para estar presente por las mañanas en las clases de su universidad debió hacerse un riguroso chequeo médico. “Ellos agrupan a la gente en tres tipos: los que tienen anticuerpos, los que no, y los enfermos o que tengan síntomas compatibles, que pueden cursar online desde la casa”, explica.

Estudio de Argentina con coronavirus en españaEl resultado de Marisol ante su ingreso a la universidad.

 

Una vez en el aula, descubrió que no sería más como era antes de la pandemia. “Estamos en un aula para 40, pero somos 18. En la primera fila no se sienta nadie. Y tenemos separadores: un lugar sí, un lugar no. Además, hay que estar con un barbijo puesto para estar en clase y entrar a la Universidad. Y tener alcohol en gel”.

 

Argentina en España al entrar a un localMarisol en Madrid al ingresar a un local comercial.

De todos modos, algo le hace ruido al ver todo el movimiento que existe en Madrid. “La pandemia no terminó. Acá hay entre 300 y 500 casos por día. El virus sigue estando. No me siento cómoda ni con ganas de juntarme con grupos donde haya muchas personas. Mi amiga me invitó a un cumpleaños y le dije ‘gracias pero no quiero’. Un amigo me dijo de juntarnos en la Plaza de España para comer. Y también lo rechacé. Ellos ya empezaron a viajar a Marbella y Valencia, por el verano. Mi amiga dice ‘disfrutemos la libertad mientras dure’, porque saben que en China hay un rebrote y va a llegar acá tarde o temprano. Creo que tiene razón.”

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