SanCor, cooperativa lácteaLa cooperativa SanCor en crisis. 

El banco público, que ya le perdonó una deuda a la cooperativa en 2008, sería el aportante de los 60 millones de dólares para el fideicomiso que manejará la empresa láctea.

 

La relación entre el Banco Nación y la cooperativa láctea Sancor es de vieja data y no era muy diferente de la que cualquier empresa de capitales argentinos tenía con la principal entidad financiera pública del país. El vínculo, sin embargo, tuvo un quiebre en 2008, cuando, consumada la ayuda del gobierno de Venezuela a la compañía, el banco se vio “obligado” a aceptar una quita de 40% en la deuda financiera que tenía en ese entonces la firma láctea.

 

Quienes siguieron de cerca ese proceso sostienen que el grupo de técnicos del banco no estaba de acuerdo con esa quita en la acreencia.

 

Trece años después de ese suceso, Sancor y el Nación vuelven a encontrarse.

 

Esta vez a partir de una iniciativa que cuenta una vez más con la venia del Gobierno nacional: la constitución de un fideicomiso, dirigido por un grupo de empresarios no vinculado a la lechería, que tendrá a su cargo la gestión de la cooperativa.

 

Para que ello se concrete, el banco público deberá desembolsar un crédito, en principio, de 60 millones de dólares, que se destinará a la compra de más materia prima, para aumentar la capacidad de procesamiento y de insumos.

 

En un momento en el cual la economía nacional tiene restringido el acceso a financiamiento del exterior, el camino más corto y seguro parece ser a través de la banca pública.

 

Más allá de que la cooperativa había manifestado la necesidad de contar con una ayuda de sólo 30 millones de dólares, con lo que se aseguraba llegar a una capacidad de procesamiento de 1,2 millones de litros de leche diarios sobre una capacidad de 1,5 millones de litros, una vez más se abre el interrogante sobre si el banco público debe salir al salvataje de una empresa privada.

 

¿OTRO VICENTIN?

La decisión tiene un antecedente inmediato que enciende luces amarillas. Fue cuando en su momento el directorio del Nación tomó la decisión de prestar dinero a la empresa Vicentin, actualmente en cesación de pagos. Esa medida le valió al entonces presidente del banco, Javier González Fraga, su imputación por supuestas irregularidades en el otorgamiento de esos fondos.

 

Debe un banco estatal financiar una vez más a una empresa a la cual ya ha tenido que perdonar deuda? Al menos, debería ser la última opción, pero nunca la primera.

 

Con un nivel de procesamiento de leche que ronda en la actualidad los 650 mil litros por día, Sancor viene trabajando desde hace dos años a un ritmo que le permite afrontar los costos de su reestructuración financiera y operativa. Pero que no le permite crecer. Por eso la necesidad de buscar capitales para intentar –una vez más– crecer en recepción de leche y en la elaboración de productos.

 

En otro intento más por capitalizar a la cooperativa, su asamblea de socios aprobó recientemente por unanimidad su ingreso a un fideicomiso constituido por tres inversores privados, que no van a poner dinero, y con participación del gremio de la industria lechera (Atilra).

 

El acuerdo contempla un plazo de 15 años de duración y la composición del fideicomiso Sancor Capital, integrado por la cooperativa, que mantendrá 20% de las acciones y 80% restante en manos del grupo inversor.

 

En los primeros cinco años de funcionamiento del fideicomiso, la cooperativa primaria se quedará con la totalidad de las utilidades generadas por su operación, mientras que entre el sexto y el octavo años estas se distribuirán en partes iguales.

 

En el resto del plazo, el reparto será 80% entre los inversores y 20% para la compañía láctea.

 

Para la constitución del fideicomiso, la cooperativa aportará las seis plantas (tres de ellas en Córdoba) que hoy tiene en actividad, sus casi 1.700 empleados, el centro de distribución y la marca. Mientras, mantendrá para sí su carácter de proveedora de materia prima de la nueva empresa y algunos servicios que viene prestando.

 

En cuanto a las deudas refinanciadas –alrededor de 240 millones de dólares al día de hoy–, pasarán a ser parte del fideicomiso, que tendrá a su cargo el pago.

 

La condición que tiene el modelo avalado por el Gobierno es que, si no aparecen los fondos, el fideicomiso queda sin efecto.

 

Pero nadie tiene dudas de que el dinero aparecerá y un nuevo rescate estará en marcha.

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