Papa Francisco, REUTERSPapa Francisco, REUTERS

Esta semana se conoció la noticia de la caída de la designación de Luis Bellando como embajador en el Vaticano.

 

Según trascendió, el pedido de plácet para el embajador nunca llegó, es decir que el problema no fue de ellos sino de otros. En este caso, del Gobierno.

 

Otras de las explicaciones que surgieron, estaban relacionadas a algo similar a lo sucedido con Alberto Iribarne. Se gestionó su nombramiento y el Vaticano dejó pasar meses y meses y nunca contestó. El motivo, Iribarne estaba divorciado.

 

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Al respecto, Bellando se casó por civil, se divorció y se casó con otra mujer por Iglesia, que es el casamiento que verdaderamente importa para el Vaticano.

 

Bellando también había sido sumariado por el ministro Taiana por desfilar sin permiso en una comparsa cuando era cónsul en Río, consigna Clarín. De esa manera buscaron sumarle otro problema a su candidatura.

 

Bellando se convirtió en católico fervoroso y practicante y es un diplomático profesional, como aconsejó Francisco que enviaran a Roma. Según palabras de un hombre cercano a Bergoglio: después de la experiencia del lobista Eduardo Valdés​, el Papa no quiere un político que monte ahí una unidad básica. Incluso, ordenó retirar unas 200 sillas para invitados argentinos en las audiencias públicas, explica el mismo medio.

 

Tras la decisión, el canciller Solá delegó la designación en Gustavo Béliz, hoy mano derecha de Alberto Fernández. Pero Sánchez Sorondo, un cardenal conservador que cumplió los años para jubilarse y fue enemigo de Bergoglio hasta que Bergoglio fue ungido Papa parece querer otro postor.

 

Francisco jubiló a su secretario argentino Pedacchio que lo acompañó cinco años y lo reemplazó por un egipcio que habla varios idiomas pero no sabe contestar mails y mensajes en español. Pedacchio respondía desde el celular. Ahora, el Papa que recibe unos 3.000 correos por día tiene que escribir los textos y el egipcio los escanea. No obstante, el embajador en el Vaticano tiene más valor simbólico que real: pocas veces ve al Papa.

 

De hecho, es el Presidente es el verdadero embajador como el Papa es acá el verdadero Nuncio, cargo ahora vacante. En ese contexto, ni el divorcio ni la batucada explican por qué el Papa decidió bajar a Bellando.