REESTRUCTURACIÓN DE DEUDA

Deuda: Argentina pedirá una tercera prórroga para seguir negociando con sus acreedores

El Gobierno se prepara para afrontar una semana clave dado que el martes vence la nueva fecha fijada por el Ejecutivo para cerrar las negociaciones de la deuda, aunque se espera que continúen las tratativas a fin de encontrar un punto de acuerdo.
Lunes 1 de junio de 2020

El ministro de Economía, Martín Guzmán, anunció la propuesta de pago de deuda, NAMinistro de Economía, Martín Guzmán, NA.

La negociación entre Argentina y sus acreedores se hace interminable. Cuando expiró el primer plazo para llegar a un acuerdo, el 8 de mayo, se decidió una prórroga hasta el 22 de mayo. Luego se alargó, ya en “default”, hasta el 2 de junio. Y habrá, muy probablemente, una nueva extensión. El gobierno de Buenos Aires la comunicará mañana a las autoridades bursátiles de Nueva York.


El Gobierno se prepara para afrontar una semana clave dado que el martes vence la nueva fecha fijada por el Ejecutivo para cerrar las negociaciones de la deuda, aunque se espera que continúen las tratativas a fin de encontrar un punto de acuerdo.


En los últimos días crecieron las expectativas respecto de la posibilidad de acercar posiciones, lo cual se reflejó en los movimientos al alza de los bonos y en una baja del dólar blue.


De hecho, los títulos en dólares terminaron la semana pasada con números en verde generalizados, mientras que durante el mes acumularon fuertes alzas que llegaron a superar el 45 por ciento.


Durante este fin de semana, el Gobierno destacó su apoyo al ministro de Economía, Martín Guzmán, y el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, remarcó que el ministro de Economía, Martín Guzmán lleva adelante una "excelente negociación" para reestructurar más de 66.000 millones de dólares.


Así sucedió luego de que dos grupos de bonistas con representación clave aseguraran que las contrapropuestas presentadas al Gobierno satisfacen "las necesidades" financieras de la Argentina.

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Los comités AD Hoc liderados por BlackRock de Laurence Fink y Exchange Bondholder comandado por Monarch, destacaron: "Nos hemos acercado pero aún hay un camino importante por recorrer".


El 21 de mayo, el Gobierno extendió el plazo de negociación con los bonistas que vencía el 22 hasta el 2 de junio, lo que llevó a la Argentina a un default selectivo tras no cubrir vencimientos pendientes por 503 millones de dólares.


En ese escenario, la cartera anticipó que se encontraba la posibilidad de que "se extienda por un período adicional".


Mientras duren las negociaciones, el Banco Central va a mantener un fuerte control en la plaza cambiaria en un escenario con limitadas reservas y una firme demanda para adquirir moneda extranjera.


El titular de la entidad, Miguel Ángel Pesce, consideró que una vez resuelta la deuda, espera "liberar más" el mercado.

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Lunes 13 de julio de 2020

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, NAKristalina Georgieva, directora gerente del FMI, NA

Mientras se define el resultado del canje de deuda con los acreedores privados en que se embarcó el gobierno de Alberto Fernández con la propuesta que presentó ante la SEC (el regulador del mercado de valores de EEUU), el Fondo Monetario Internacional espera al final del camino.

 

Más allá del rol de aliada política que jugó en los últimos meses su directora, Kristalina Georgieva, el Fondo sigue siendo el principal acreedor de la Argentina, con los poco más de USD 44.000 millones que desembolsó de los USD 57.000 millones de crédito que entre junio y septiembre de 2018 había concedido durante el gobierno de Mauricio Macri.

 

Tres fuentes que conocen profundamente el organismo y el mundillo de Washington coincidieron en dos cuestiones. Una, que la restructuración de la deuda con los bonistas privados no puede darse por sentada. Y dos, que aun si el Gobierno logra restructurar la deuda con el acuerdo de una mayoría robusta y que no deje dudas sobre el éxito de la operación, necesitará un acuerdo “largo” con el FMI, concretamente un “Acuerdo de Facilidades Extendidas” (Extended Fund Facility) que le permita cancelar la deuda en hasta diez años.

 

Claudio Loser, ex director del Departamento “Hemisferio Occidental” del Fondo comentó: “los aspectos técnico-legales de la oferta argentina son vistos como una ´avivada’, no sólo por los bonistas sino también por algunos gobiernos y organismos multilaterales. El mensaje que están dando es que en el próximo default quieren que la restructuración sea más fácil; si no se mueven de esa posición habrá problemas”.

 

En el mismo sentido, otro ex-funcionario del Fondo, que participó de varias misiones en América Latina y trajinó reuniones de directorio, recordó que un miembro de uno de los comités que ya anticiparon su rechazo al convite oficial le dijo que buscarán cobrarle caro a la Argentina (en “Valor Presente Neto” o de cambios a la estructura legal) el tener un ministro de Economía que quiere pasarse de astuto.

 

“Este va a ser el primer canje, porque va a haber varios”, dijo Héctor Torres, representante por la Argentina en el directorio del Fondo durante las gestiones ministeriales de Roberto Lavagna y Alfonso Prat Gay. Más allá del tironeo por el valor de la oferta, señaló Torres, el diseño irritó no solo a los bonistas sino también a funcionarios internacionales en la medida que socavarían las Cláusulas de Acción Colectiva ICMA (por International Capital Markets Association) apoyadas expresamente en 2014 por el G20 y el FMI, justamente para superar problemas como la “Cláusula Pari Passu” con la que holdouts y fondos buitre habían acorralado a la Argentina en los tribunales neoyorquinos.

 

El acuerdo por las CAC-ICMA se logró al cabo de un largo camino en el que no fue posible crear un “Tribunal Internacional de Quiebras Soberanas”, como había propuesto en 2002 la entonces subdirectora del Fondo, Anne Krueger. Ahora justo la Argentina quiere hacerle evitar esas cláusulas mediante dos artilugios: la “redesignación” y el “método Pac-Man”.

 

Si el Gobierno supera esas vallas con un canje exitoso, deberá luego negociar con el Fondo. Al respecto, dijo Torres, al exceder en su oferta el límite de lo que el propio FMI había considerado “sostenible”, el gobierno señaló que necesitará un acuerdo de largo alcance con el organismo. Un stand-by no sería suficiente. Y un “Acuerdo de Facilidades Extendidas” requerirá reformas estructurales en temas laborales, impositivos o previsionales.

 

La lógica de plazos, explicó Torres, es que esas reformas son política y económicamente costosas a corto plazo, pero “pagan” luego. Crea o no en esa lógica, el gobierno de Alberto Fernández necesita el mayor plazo posible para acomodar las cargas financieras y diseñar qué reformas ofrece. Aunque –señaló Torres– es un hecho que la Argentina atraviesa hoy una reforma laboral y previsional de facto.

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RENEGOCIACIÓN DE DEUDA

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Domingo 12 de julio de 2020

Alberto Fernández, presidente de Argentina, Quinta de Olivos, NAPresidente Alberto Fernández. NA.

El jueves pasado, el ministro de Economía de Argentina, Martín Guzmán habló en representación del presidente Alberto Fernández con una negociadora clave de BlackRock, el poderoso fondo de Wall Street que aún resiste la oferta del Gobierno para reestructurar 66.000 millones de dólares de deuda externa.

 

Guzmán le manifestó nuevamente a su interlocutora que la propuesta presidencial ya es “inamovible”, que se pueden “atenuar” algunas cláusulas legales del canje de bonos si el G20 y el Departamento del Tesoro respaldan, y que el cierre del deal con los acreedores privados está planteado bajo el concepto “ni vencedores ni vencidos”.

 

Poco después, el sábado en Olivos, Alberto Fernández convocó a su ministro de Economía para rever los términos de esa conversación secreta con la negociadora clave de BlackRock. El Presidente insistió con su idea de “no hay un dólar más que ofrecer”, y analizó con el ministro la futura ley para los acreedores privados bajo legislación nacional.

 

Si no hay modificaciones en la agenda del Gobierno argentino, esa iniciativa que pretende recrear el mercado de capitales llegará a Diputados antes del próximo viernes, será “un espejo” de las condiciones que se ofrecen a los bonistas con legislación extranjera y dispondrá la posibilidad de canjear títulos soberanos de dólares a pesos.

 

Además de volver a insistir frente la negociadora de BlackRock que no habrá modificaciones en la iniciativa oficial, Martín Guzmán sostuvoque es posible encarar ciertas reformas a la estructura jurídica de los bonos, pero añadió que esa reforma legal sólo puede hacerse con consenso del sistema financiero internacional.

 

“Si el G20, el Departamento del Tesoro, o el IMCA (International Capital Market Association) respaldan su propuesta, nosotros podríamos adherir. La intención de la Argentina es integrarse al mundo, y si hay consenso global, nosotros nos sumaríamos”, adelantó Guzmán a su interlocutora de BlackRock, según comentaron en la Casa Rosada.

 

Alberto Fernández y Martín Guzmán, NAEl presidente con el Ministro de Economía. NA.

 

Larry Fink, CEO de BlackRock, tiene llegada directa a la Casa Blanca y su fondo de inversión fue contratado por el Departamento del Tesoro, una pieza poderosa de la administración americana que monitorea -entre otras actividades- la negociación de la deuda externa con los acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Fink es amigo de Donald Trump y de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, y las versiones que llegaban desde Washington eran que la Casa Blanca y el Tesoro habían tomado distancia de Alberto Fernández por su posición ambivalente sobre la agenda geopolítica de Estados Unidos en América Latina.

 

El jefe de Estado argentino sostiene que Gustavo Beliz debe ocupar la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sostiene que hay que incluir a Nicolás Maduro en la mesa de negociación de Venezuela y tiene un política exterior abierta con Xi Jinping y su estrategia de ascenso pacífico a la cima del mundo.

 

Trump y sus halcones piensan todo lo contrario. Nominaron a Mauricio Claver a la presidencia del BID -que está distante con Alberto Fernández y dialoga con Beliz-, opinan que Maduro debe renunciar como líder del régimen populista- y consideran que América Latina es una área de influencia de Washington al margen de las aspiraciones geopolíticas de Beijing.

 

Larry Fink, CEO de BlackRock.Larry Fink, CEO de BlackRock. Reuters.

 

Con este marco complicado, Alberto Fernández usó sus contactos internacionales, Guzmán sus relaciones institucionales y la embajada argentina en DC su agenda diplomática para despejar la incertidumbre que desparramaba Fink, los voceros de BlackRock y sus aliados en Wall Street y Londres.

 

La jugada de BlackRock es fácil de discernir y explicar: si era cierto que Trump y el Tesoro habían bajado el pulgar por la política exterior de la Argentina, ese poderoso fondo de inversión y el resto de los acreedores privados tenían una nueva palanca de negociación para “correr el arco” -otra vez- a Alberto Fernández y Guzmán.

 

La respuesta desde Washington, con tono mexicano, en inglés y en español, tuvo un sabor agridulce. Trump continuará respaldando la negociación del país con los acreedores privados, pero disiente respecto a la posición de Argentina frente a Maduro, el BID y China. “That´s nonesense”, opinaron en Washington sobre la estrategia internacional que se ejecuta en la Cancillería.

 

Alberto Fernández tomó nota de la respuesta que llegó desde DC. Y replicó en la intimidad de Olivos: “no pienso cambiar”.

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