Mesa para cenaDieta del bazar para estas fiestas.

Una de las recomendaciones para evitar los atracones es aumentar el número de colaciones y vigilar qué alimentos seleccionamos en las comidas principales

 

Un truco para comer menos y sentirnos menos hinchados tiene que ver con cómo usamos los cubiertos. Una técnica sencilla es dejar los cubiertos sobre la mesa entre bocados, en lugar de mantenerlos en las manos. Este método hace que mastiquemos por más tiempo los alimentos y comamos más despacio.

 

Comer rápido dificulta la digestión y hace que se coman más alimentos de los que en realidad se necesitan. Esto ocurre porque el cerebro tarda una media de 20 minutos en reparar que el cuerpo está satisfecho.

 

El doctor Takayuki Yamaji, investigador de la Universidad de Hiroshima (Japón), lideró un estudio en el que durante cinco años se les controló el peso y otros parámetros fisiológicos a más de mil participantes, que fueron divididos en tres grupos: comedores rápidos, normales o lentos.

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El estudio concluyó que entre los comedores más veloces la incidencia del síndrome metabólico era de un 11.6%, en comparación con el 6,5% de los comedores normales y el 2,3% de los más pausados. Ingerir alimentos con rapidez también se asoció con un mayor aumento de peso y acumulación de grasa abdominal e hiperglucemia.

 

El vaso también nos puede ayudar a moderar las cantidades de alimentos que ingerimos. Es cuestión de ubicarlo al alcance de nuestra mano y a la vista como un recordatorio constante para beber agua de forma frecuente. Tomar líquido antes y después de cada comida contribuye a la sensación de saciedad.

 

La tercera clave está en el tamaño de la vajilla. Los nutricionistas aconsejan elegir platos más chicos, como por ejemplo los de postre, para el almuerzo y la cena porque los grandes tienden a dar la sensación de que hay menos alimento y se termina por comer más de lo debido. Es decir, que una vez se sirvió no hay que repetir porción. Si el menú consiste en preparaciones altas en calorías, es recomendable probar un poco de cada una o bien elegir las que más gustan con moderación. En general, todos los alimentos son buenos, los problemas surgen cuando la cantidad o la frecuencia no son las adecuadas.

 

Las porciones que no superen la palma de la mano son las ideales para que se pueda “picar” y probar cosas ricas. “Tener un plato y servir allí la cena entera ayuda mucho, levantarse varias veces para servirse o comer en tandas puede hacernos comer de más”, indican los nutricionistas.