Alberto Fernández, presidente, NAAlberto Fernández, presidente, NA

En el gobierno deben lamentar no haber podido encontrar los consensos necesarios para suspender las elecciones primarias. Logró una postergación de los comicios cuyo resultado podría desatar un vendaval aún mayor de lo que ya son las cruentas internas que se viven. La campaña es inédita y la falta de ideas son reemplazadas por exabruptos verbales en todos los campamentos. Los números que circulan entre empresarios y dirigentes políticos preocupan puertas adentro del gobierno porque, en la provincia de Buenos Aires, las diferencias son muy exiguas. Y, en algunos casos, la sumatoria de la interna de Juntos supera al Frente de Todos. Quizá por eso, ante no haber podido cancelar la elección, se busque hacerla poco visible.

 

Imaginó bien Sergio Massa cuando en el mes de marzo sostenía que el contexto de la pandemia podría oficiar como mecanismo para la suspensión por única vez de las PASO. Más tarde llegó la segunda ola con mucha virulencia, pero tan sólo se logró la modificación de las fechas. Ese aplazo podría haber sido el catalizador del avance de la vacunación, y cierta recuperación económica que modificara el ánimo de una población golpeada. Pero, extrañamente, como si se tratara de principiantes en el oficio de la politica, uno tras otro se fueron sumando los errores no forzados. Inexplicable en gente con tanta experiencia, a no ser que detrás de ellos existan las manos “amigas” dispuestas a, como expresó un experimentado consultor, “quemar las naves, sino no somos nosotros (por un sector particular), que no sea nadie”. Intrigas que deambulan por Olivos donde, según quienes suelen transitarla, aseguran que los asiduos viven en frecuencias diferentes a lo que sucede puertas afuera.

 

Aún no se sabe si habrá una nueva incursión de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires antes del 12 de setiembre. Por lo pronto su viaje al sur es una clara señal de su ánimo. Los votos los tiene en el conurbano, pero su lugar en el mundo es el Calafate. Ya dijo lo que tenía que decir. De todas las maneras posibles. Habrá que entender la respuesta a ese malestar de la vicepresidente en el raro operativo clamor pidiendo la reelección para el Presidente Alberto Fernández. A lo que el propio Jefe de Estado pareció pedir que le tengan contemplación ya que no iba a traicionar ni a Cristina, ni a Máximo ni a Massa. Nadie anuncia lo que no a hacer sin en algún momento no se le pasó por la cabeza. ¿Está en condiciones de hacerlo? Tarea para psicólogos.

 

A los que debería pensar en no traicionar Alberto Fernández es a los intendentes del conurbano. Las encuestas, salvo en raras excepciones, muestran que en los territorios, la imagen de los jefes comunales es superior a la del presidente y el gobernador. Y según el distrito que se mire emparda la de Cristina Kirchner. A diferencia de otras ocasiones, será clave cómo trabajen los alcaldes para empujar la lista de abajo hacia arriba, cuando en otros tiempos era al revés.

 

El empuje que muestra la verba de Victoria Toloza Paz no está exenta de tensiones internas. Será difícil de cerrar heridas que quedaron de la misma jornada del cierre de las listas cuando, una vez confirmada, tomó el teléfono y trató de influir en los cierres de varios distritos, principalmente en La Plata, de donde proviene. Exigió Toloza que no figure en la lista Florencia Saintout, su rival del 2019 y ligada a La Cámpora. Las habladurías sostienen que Máximo Kirchner anotó. Y no olvida.

 

La mayor preocupación sobre la radiografía electoral que tiene el oficialismo es la performance en la zona sur del conurbano. En la Tercera Sección Electoral que, salvo en Lanús, domina el peronismo, la diferencia hoy del Frente de Todos sería de apenas 4 puntos ante la sumatoria de los votos que obtendría Diego Santilli y Facundo Manes en la interna de Juntos. “Si eso es así, estamos muy complicados”, asegura un experimentado Intendente peronista de la zona sur. En la primera sección electoral, los números son peores. Allí, Juntos aparece 6 puntos adelante, siempre teniendo en cuenta que se acoplen de manera total los votos que saquen separados los contendientes de la interna principal de la oposición.

 

De todas maneras, entre los candidatos que tienen representación territorial creen que, en el final del camino, el oficialismo saldrá airoso. Lejos de la performance del 2019, pero ganador al fin. Y lo sostienen así: “la foto de Olivos quedó vieja, vamos a tener una buena diferencia en las PASO que se va a profundizar de cara a las elecciones generales. El día después de las PASO te vas a encontrar con la mayoría de las estructuras del Estado con el Frente de Todos. La gente quiere que la vacunen y volver a la normalidad, y eso lo garantiza el gobierno”.

 

Lo interesante de observar en estos comicios ademas, es cual de todas las fuerzas políticas pueden despertar algo vital para el electorado: Esperanza. El gobierno tiene el argumento que la pandemia atrasó los planes por los que ganaron en 2019. En Juntos, la dificultad está en que ya no representan lo nuevo, salvo el caso de Facundo Manes. La muestra más concreta es el caso de María Eugenia Vidal en la ciudad de Buenos Aires.

 

Mientras la política discute sus propias cuestiones en medio de una campaña atípica y un resultante que podría ser parecido a las intermedias del 2001, la Argentina continúa en un tobogán sin freno.

 

Facundo Manes propone recrear un sueño como fue en el 83 con Raúl Alfonsín. Si se toma en cuenta ese año, según datos del Banco Mundial de PBI per cápita en dólares constantes, la economía Argentina creció menos de la mitad del promedio de América Latina, publicó el economista Diego Giacomini. Y agregó: La performance relativa de la Argentina fue mucho “peor” en los últimos diez años. En 2012/2020 mientras el promedio del mundo creció 8,4 % y el promedio de la región subió 2,7%, Argentina cayó 20,1 %.

 

Por eso, surge una vez más la pregunta del título de esta nota. ¿A quién no debería traicionar Alberto Fernández?

*Por Sebastián Dumont

Periodista de Canal 26

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