EMERGENCIA SANITARIA

Desborde en Perú por gestión de hospitales y reparto de bonos en la pandemia

El primer ministro reconoció que las carencias del sistema de salud y que el Estado tiene dificultad para identificar a qué ciudadanos subsidiar.
Lunes 1 de junio de 2020

Coronavirus, Perú, pandemia, ReutersCoronavirus en Perú. Reuters.

Perú se ha convertido en el segundo país de América Latina con más contagios por coronavirus después de Brasil. La tendencia no se ha contenido y el país registra más de 6.000 casos al día. Hasta el domingo eran 164.476 los infectados y las muertes superaban las 4.506. La emergencia sanitaria ha desbordado los hospitales y la gestión de las autoridades. El primer ministro, Vicente Zeballos, reconoció esta semana que los insumos de protección para el personal sanitario son insuficientes y que el Estado tiene dificultad para identificar a qué ciudadanos subsidiar en medio de la pandemia.

 

La primera semana de abril, cuando se cumplía un mes desde la llegada del coronavirus a Perú, varios médicos de hospitales públicos compartían por Whatsapp Todo es precario, una canción del cantante limeño Rafo Ráez que expresaba lo que sentían al acudir a trabajar. Mes y medio después, otro tema transmite el mensaje de los que se sienten abandonados en medio de la pandemia: Demolición, del grupo de garage rock de los sesenta Los Saicos. Lo mencionó el jueves Andrés Campana, un médico que trabaja en el servicio rural de salud de un centro de la sierra de Piura, al norte del país. Este profesional sanitario se sumó al SOS lanzado por buena parte de su colectivo.

 

En Perú, los hospitales públicos pertenecen al Ministerio de Salud, al seguro social Essalud, a las direcciones regionales y a la sanidad de las fuerzas armadas y policiales. El colapso afecta a todos, salvo en las regiones andinas de altura -donde hay menos contagios y, por tanto, menos muertes-. Uno de los casos más graves se da en el Hospital Negreiros del Callao, cuyos médicos reportan cada semana en Twitter la cantidad del personal contagiado, incluidos los vigilantes y trabajadores de limpieza. Hace tres semanas eran 64, el domingo último: 133. Es también el establecimiento donde falleció, el 23 de marzo, el primer trabajador de salud diagnosticado con covid-19: una especialista en obstetricia. Essalud aclaró en ese momento que fue por una hemorragia cerebral. Según el personal sanitario, el establecimiento entró con mal pie al inicio de la pandemia.

 

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“En octubre se diagnosticó en la emergencia del hospital una epidemia de tuberculosis intrahospitalaria: seis dieron positivo. Cerraron ambientes, no la dotaron de aire. Al no haber circulación de aire, médicos, médicos en formación -residentes-, enfermeras y técnicos dieron positivo a TBC, continuó la infección hasta diciembre. El área no fue fumigada”, relata un profesional cuyo nombre reserva para evitar represalias.

 

Luego cerraron el área de cuidados intermedios: en esas condiciones llega la epidemia de la covid-19. Poco después, muere una obstetra por un aparente derrame cerebral, pero que dio positivo al virus. Hoy sabemos que las características neurológicas de la enfermedad incluyen un derrame. Este fallecimiento generó el cierre de la sala de operaciones en ginecología, y enviaron a los anestesiólogos, médicos neonatólogos y ginecología a un policlínica pequeñito, donde tampoco hay sistema de circulación de aire, ubicado al lado del hospital. Allí hay hacinamiento”, describe.

 

Según los sanitarios, la capilla del hospital Negreiros se convirtió en la sala para pacientes covid-19, y las urgencias se dividieron en un área dedicada a la covid y otra a las demás emergencias. Pese a que hoy hay tres entradas al Hospital Negreiros, no les toman la temperatura al ingresar, ni hay suficientes pruebas al personal. “Nadie se fija si estamos entrando por una zona covid o no. No hay una señalización clara, nadie dice échate alcohol en gel”, agrega la fuente. Ante el incremento del personal enfermo, el hospital contrató a cinco médicos para cuidados intensivos. “Pero renunciaron por la cantidad de pacientes que tenían que atender y porque no se cumplían las normas del tiempo necesario para cada enfermo”, relata el empleado.

 

Varios trabajadores del establecimiento comparten sus mensajes en un chat llamado “personal sin EPP”, es decir, los que tienen que comprar con su propio dinero los equipos de protección personal. “Es muy complicado, el personal se ha comprado lentes, mascarilla, respiradores, protectores faciales. La institución debería preocuparse por proporcionarnos los mandiles, el protector de zapatos, gorro o ropa descartable, pero tampoco nos los brinda o no alcanza. Algunos días uno ve a colegas con la chaqueta descartable, otros días con el pantalón. Los principales contaminadores del hospital somos nosotros mismos al desplazarnos: tenemos una contaminación cruzada muy seria”, asegura este profesional. Algo adicional: el tanatorio está a un metro de la emergencia.

 

Coronavirus, PerúCrisis sanitaria en Perú. Reuters.

 

Pacientes a la intemperie:
Cerca del centro de la capital se ubica el Dos de Mayo, descrito por una antigua empleada administrativa como “el hospital adonde los pobres van porque saben que allí hay buenos médicos”. Desde abril, el personal ha realizado dos plantones por varias carencias, la falta de medios de protección de bioseguridad es una de las principales. En el Dos de Mayo, el personal también protestó porque el ministro de Salud, Víctor Zamora, ofreció en abril eliminar los contratos por tercera a los médicos que atienden en la emergencia covid-19. En esa modalidad carecen de seguro, vacaciones, y cualquier derecho laboral, pese a las duras condiciones en que trabajan en la pandemia. Pasado un mes, un 30% de médicos aún sigue en esa condición.

 

Por falta de ambientes adecuados y por la gran cantidad de pacientes que recibe el Dos de Mayo, hace más de un mes atienden en toldos en el estacionamiento.“La cantidad de pacientes en carpa y triaje [clasificación de pacientes] ha aumentado considerablemente, los pacientes están hospitalizados en la intemperie bajo las carpas sin paredes y otros traen su colchón, silla de ruedas y oxígeno para ser recibidos porque el hospital ya no cuenta con camas ni oxígeno. El frío de este invierno se hace insoportable para los pacientes”, informa un médico del Dos de Mayo a EL PAÍS. “Las mascarillas de protección están muy escasas, están entregando unas mascarillas que no cumplen las especificaciones técnicas”, añade.

 

La situación en los hospitales de las regiones con mayor letalidad -Piura, Lambayeque, Loreto y Ucayali- es peor o similar. En todas faltan respiradores, en todas faltan camas y médicos de cuidados intensivos. Las primeras donaciones de plantas de oxígeno procedieron de iniciativas de párrocos en Iquitos y en Piura. En Ucayali, estudiantes de medicina hacen una campaña en Facebook para recaudar dinero y donar implementos de bioseguridad a los médicos que a la vez son sus profesores de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP). Ya han visto morir a varios de sus maestros que se infectaron atendiendo a pacientes de la covid-19.

 

La gestión política de la emergencia.
El Gobierno de Martín Vizcarra fue uno de los primeros en establecer en la región la cuarentena y el toque de queda, y anunció en abril subsidios para los pobres y trabajadores independientes. Luego de semanas de reclamos, anunció un “bono agrario” y otro llamado “universal” para asistir a personas a quienes no identificó como merecedores de los dos primeros.

 

Sin embargo, pasados dos meses y medio de paralización de la economía, y con una afectación mayor a los trabajadores informales (cerca del 70% del mercado laboral antes de la pandemia), dichos subsidios no alcanzan ni han sido correctamente orientados. Cientos indican que resultaron beneficiados y no los necesitaban, y otros miles reclaman que lo requieren. En ese clima de insatisfacción, la prensa local difundió la semana pasada que el Ministerio de Cultura contrató por 8.700 dólares a una persona cercana al presidente Vizcarra para dar charlas de motivación a empleados de ese sector durante la emergencia sanitaria. Ante el escándalo, el Ministerio anuló el contrato pero no aclaró si ya le había pagado. Las críticas persistieron y la noche del viernes el mandatario aceptó la dimisión de la ministra Sonia Guillén.

 

Por otro lado, el virus ha llegado a los pueblos indígenas de la Amazonía, una de las regiones más vulnerables del país. Los llamados de auxilio más dolorosos vienen de los apus -jefes indígenas-, quienes describen a su comunidad con síntomas y puestos de salud sin medicamentos, poco personal y sin indumentaria de protección. Ello también había llevado a congresistas y representantes de la sociedad civil a pedir la renuncia de Guillén.

 

Este jueves, el primer ministro, Vicente Zeballos, fue al Congreso a pedir el voto de investidura para el gabinete y la política general del Gobierno, un trámite que la pandemia dejó pendiente luego de que el nuevo Parlamento se instalara en marzo. “Todos somos conscientes de que nuestros servicios de salud no han ido creciendo ni implementándose de acuerdo con las necesidades y el crecimiento de la población. Parte de ese deterioro se ha reflejado en la falta de los equipos de protección personal (EPP). La falta de EPP ha sido y sigue siendo un problema del cual no somos ajenos, pero estamos abocados para lograr una solución lo más pronto posible”, dijo Zeballos.

 

Fue una declaración distinta a los meses previos, cuando el Gobierno aseguraba que distribuían implementos suficientes y de calidad a los trabajadores sanitarios. En el hemiciclo casi vacío, pues la mayoría de los congresistas participaban vía una plataforma virtual, el primer ministro también acusó recibo de las críticas a los subsidios que no llegan a los que han quedado sin sustento. “Somos conscientes de las limitaciones que tiene el Sistema de Focalización de Hogares y de la falta de una efectiva inclusión financiera. Son parte de los problemas del Estado que tenemos que resolver en el corto plazo”, expresó Zeballos.Durante el debate parlamentario, todas las bancadas se han cebado en las deficiencias de la gestión de la emergencia y la crisis económica, así como en la educación remota que no llega, por falta de electricidad o de señal de internet, a zonas rurales y amazónicas. “¿Cómo entender que nuestros hijos caminen de cerro en cerro buscando internet para aprender algo?”, reclamó Kenyon Durand, representante de la región andina de Huancavelica.

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PANDEMIA DE CORONAVIRUS

Coronavirus en el mundo: Ecuador supera los 5.000 muertos por coronavirus

El país sudamericano alcanzó 5.031 decesos tras reportar 48 nuevas muertes en las últimas 24 horas. Además del conteo oficial, hay 3.305 probables víctimas fatales.
Martes 14 de julio de 2020

Coronavirus, Ecuador, REUTERSCoronavirus en Ecuador, REUTERS.

Ecuador, uno de los países latinoamericanos más azotados por la pandemia, superó las 5.000 muertes desde que declaró el primer caso del nuevo coronavirus en su territorio el 29 de febrero, según cifras oficiales difundidas.

 

El país alcanzó los 5.031 fallecimientos tras reportar 48 nuevas muertes en las últimas 24 horas, de acuerdo con el informe diario, que también reportó 67.209 contagios en total. Además del conteo oficial, hay 3.305 probables víctimas fatales.

 

Con 17,5 millones de habitantes, Ecuador registra un índice de 29 fallecidos por cada 100.000 habitantes y ocupa el quinto lugar en la región en cifras de decesos, detrás de Brasil (70.398), México (34.191), Perú (11.500) y Chile (6.781), según la Universidad Johns Hopkins.

 

Como en varios países de la región, la cantidad de decesos se aceleró al crecer en 1.000 en un periodo menor a un mes, luego de llegar a 4.000 muertos el 17 de junio. El gobierno ecuatoriano extendió hasta mediados de agosto el estado de excepción que rige en el país desde marzo para frenar la expansión del virus.

 

La medida faculta al Ejecutivo a mantener restricciones, entre ellos el toque de queda de hasta 11 horas al día, la movilización de las Fuerzas Armadas y la suspensión de derechos, como la libertad de reunión.

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Un estudio revela que la inmunidad ante el coronavirus puede desaparecer al cabo de meses

Los pacientes que se recuperan del nuevo coronavirus SARS-CoV2 podrían perder su inmunidad al cabo de unos meses, afirma un estudio que realizó el King's College de Londres.
Martes 14 de julio de 2020

Coronavirus, laboratorio, medicamentos, Covid-19, REUTERSEstudios médicos sobre coronavirus, REUTERS.

Un equipo de investigadores del King’s College de Londres examinó los niveles de anticuerpos de más de 90 pacientes confirmados con el virus SARS-CoV-2 y su evolución en el tiempo. Los análisis sanguíneos mostraron que incluso los individuos con síntomas leves producían algún tipo de respuesta inmune al virus.

 

Del grupo estudiado, 60% de los pacientes dio una respuesta “potente” en las primeras semanas posteriores a la infección. Sin embargo, después de tres meses, solo 16,7% mantenía un nivel alto de anticuerpos neutralizadores de la COVID-19 y algunos de ellos ni siquiera tenían una cantidad detectable en la sangre.

 

Estas conclusiones, que todavía no fueron objeto de examen por parte de otros colegas científicos, fueron publicadas en el sitio Medrxiv. El estudio sugiere por lo tanto que no se puede dar por descontada la inmunidad -capaz de proteger el organismo contra nuevas infecciones- tras haber superado una primera vez la enfermedad. Este es el caso de otros virus como la gripe.

 

Expertos que no participaron en estos trabajos estimaron que estos resultados pueden influir en cómo los gobiernos preparan la nueva fase frente a la pandemia, incluida la fabricación de una vacuna. Este estudio “subraya la necesidad de comprender mejor cómo funciona la respuesta inmune protectora (a la COVID-19) para poder desarrollar una vacuna eficaz”, dijo Lawrence Young, profesor de oncología médica en la Universidad de Warwick del Reino Unido.

 

“Y es que si a la infección se responde con niveles de anticuerpos que disminuyen en dos o tres meses, la vacuna hará potencialmente lo mismo y una sola inyección no será quizás suficiente”, explicó por su parte la doctora Katie Doores, autora principal del estudio, al diario británico The Guardian.

 

El sistema inmune tiene múltiples formas de combatir el coronavirus, pero si los anticuerpos son la línea principal de defensa, los hallazgos sugieren que las personas podrían reinfectarse en ondas estacionales y que las vacunas pueden no protegerlos por mucho tiempo. Además, revelaron que los niveles de anticuerpos aumentaron más y duraron más en pacientes con casos graves. Esto puede deberse a que los pacientes tienen más virus y producen más anticuerpos para combatir la infección.

 

Hay otros cuatro tipos de coronavirus en circulación generalizada, que causan el resfriado común. “Una cosa que sabemos sobre estos coronavirus es que las personas pueden reinfectarse con bastante frecuencia”, aseguró el profesor Stuart Neil, coautor de la investigación. Y añadió: “Lo que debe significar que la inmunidad protectora que las personas generan no dura mucho tiempo. Parece que SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, podría estar cayendo en ese patrón también“.

 

Para el profesor Jonathan Heeney, virólogo de la Universidad de Cambridge, el estudio confirmó una creciente evidencia de que la inmunidad a COVID-19 es de corta duración. “Lo más importante es que pone otro clavo en el ataúd del peligroso concepto de inmunidad colectiva”, manifestó el especialista.

 

Y advirtió: “No puedo subrayar lo importante que es que el público entienda que infectarse con este virus no es algo bueno. Algunos de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, se han vuelto un tanto arrogantes acerca de infectarse, pensando que contribuirían a la inmunidad colectiva. No solo se pondrán en riesgo, y a otros, al infectarse y perder la inmunidad, sino que incluso pueden exponerse a un mayor riesgo de enfermedad pulmonar más grave si se infectan nuevamente en los próximos años“.

 

Pero el profesor Arne Akbar, inmunólogo de UCL, asegura que los anticuerpos son solo una parte de la historia. “Hay evidencia creciente -admitió- de que las células T producidas para combatir los resfriados comunes también pueden proteger a las personas. Es posible que los pacientes que luchan contra el virus con células T no necesiten producir altos niveles de anticuerpos”.

 

“Esto ciertamente sugiere que no podemos estar seguros de que la infección natural será protectora para una proporción significativa de individuos, ni seguro de la duración de cualquier protección. Sin embargo, esperaríamos que la reinfección sea menos severa para cualquier individuo, ya que aún conservará la memoria inmune, lo que le permitirá responder más rápidamente”, aseveró el profesor Robin Shattock de la misma universidad.

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