Diego Mardona, Papa Juan Pablo IIMaradona junto al Sumo Pontífice en el Vaticano.

Por Marcelo García

La muerte de Diego Armando Maradona se ha transformado en uno de los hechos más destacados de este año 2020. Tan fuerte y marcante es su partida, que -incluso- da la extraña sensación de que el mundo entero se ha olvidado de la letal pandemia de coronavirus que lo unió de manera inesperada. Hoy ese mundo está unido por otra cosa: el inmenso dolor de una pérdida irreparable. Como suele suceder en casos tan impactantes y el paso a la eternidad de una figura tan representativa para millones de personas, surgen -inevitables y a modo de catarsis- los más variados recuerdos de quien se ha ido de esta vida, dejando a la gente con un interminable vacío, imposible de llenar.

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Maradona es el ejemplo de ese héroe en el que se ven representados millones de seres en este planeta y que sienten que nada es imposible. De nacer en la más extrema pobreza a, finalmente, ser recibido -y también venerado- por las importantes figuras mundiales. Uno de ellos ha sido el Papa Juan Pablo II, quien en los años '90, recibiría la visita del "10", en momentos en que el astro argentino estaba en la cumbre de su increíble carrera futbolística.

 

Para ese momento, el "Diego" era la súper estrella del Nápoli, el equipo de una sureña ciudad italiana en donde -dicho sea de paso- era considerado poco menos que un Dios. Junto a Claudia Villafañe, su esposa de entonces, tuvo uno de sus tantos "caprichos", uno que deseaba cumplir. Así pidió una entrevista con el Sumo Pontífice en el mismísimo Vaticano.

 

Sin embargo, la visita no fue lo que se esperaba. Ni desde el entorno de Maradona, ni tampoco para el Papa y la Iglesia. Es que Diego Maradona era un ser tan único e irrepetible, como para "plantarse" ante quien fuera, para decir lo que se le venía en mente, sin filtros y sin respeto por protocolos o reglas de convivencia y urbanidad. Así era ese "barrilete cósmico" que acaba de volar de este mundo. Como tantas otras veces, el argentino más irreverente de la historia, sacó "chapa" de guapo y al entrar al Vaticano, su indignación ya no se pudo ocultar.

 

"Vive en un lugar con techos de oro, mientras tanta gente pasa hambre, y después va y besa la tierra de los países pobres", dijo Maradona ese día, con la bronca a flor de piel, frente a la opulencia y la riqueza que tenía ante sus ojos. Y si su mensaje no había quedado lo suficientemente claro, el "10" redobló la apuesta y agregó: “Cómo se puede ser tan h... de p... de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así”.

 

Y claro que Diego, además, llegaba bastante recargado a ese histórico encuentro. El Papa Juan Pablo II, se había atrevido previamente a criticar el "gasto desmesurado" de Maradona durante su fastuoso casamiento en Buenos Aires; algo que Diego no le dejaría pasar.

 

El "10" indignado con el oro del Vaticano.

 

"Por qué me criticó a mí que gasté 1 millón y medio de dólares para casarme con la mujer con la que viví 15 años. ¿Por qué no saca el oro del techo del Vaticano y se lo da a los pobres?", sentenció muy contrariado en posterior oportunidad "El Diego de la gente". Más que nunca "de la gente".

 

La jornada que se había pensado como un encuentro de gente sonriente (aunque una foto los muestra a ambos "políticamente correctos"), terminó en un rotundo fracaso con un clima denso y pesado percibido en el aire. La incomodidad de Maradona en esas circunstancias, ante poderosos (que a él le daba igual si era un Papa, un presidente, un artista, un empresario o un vecino de barrio) fue un sello característico de su eterna rebeldía, de inconformismo absoluto y total contra el status quo imperante, y un signo más de la encarnación de un ser diferente a los demás. Así era Maradona. La voz de los que sentían que él los representaba como nadie.

 

Y tal vez eso haya sido verdad.

 

Tras su muerte, indeseada e inesperada, millones de personas en el mundo vuelven a escuchar a ese líder en que se ha convertido con el paso del tiempo, ese guía que -pese a ser tan humano como el que más y cometer los mismos errores que la gente "normal"- se convirtió en el estandarte de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de rebelarse como solo él supo hacerlo. Y nadie podrá igualarlo jamás.