Diego Maradona y Martin Palermo, Reuters.Palermo y Maradona. Foto: Reuters.

Martín Palermo publicó una extensa y emotiva carta publicada en The Players Tribune donde recuerda Diego Maradona y la relación que tenía con él.

 

Sólo el hecho de ser Diego Maradona implicaba hacer un trabajo de 24 horas los 7 días de la semana. Sabía que su presencia era importante para todos los que estuvieran cerca de él, y sólo quería mostrar que estaba presente y disponible para lo que necesitara. Siempre fue así, siempre cuidándote, preguntándote cómo estabas. Y siempre se aparecía cuando menos te lo esperabas”, comenzó.

 

Diego estuvo en situaciones parecidas, en las que estaba en el hospital y se multiplicaban rumores sobre su muerte, y entonces pensaba: ‘No, no puede ser, solamente es lo que están diciendo. Probablemente no sea nada’. Y al final realmente no era nada. Maradona siempre se recupera. Maradona siempre sobrevive. Había pasado tantas veces. Entonces pensás ‘esta es sólo una más’. Pero después la noticia sobre su recuperación nunca llega”, escribió.

 

Noticias relacionadas

“Yo tenía 20 años y había debutado profesionalmente dos años antes. Viéndolo ahí, sintiendo su dolor, despertó una nueva clase de afecto. Cuando lo vi llorar, quería llorar yo también. Es difícil, realmente, describir lo que sentí en ese momento. Todo lo que puedo decir es que me sentí más conectado con él que nunca antes. Era Maradona, era Dios, pero también era humano, ¿no?”, relató.

 

“Todavía siento que fue una bendición haber podido jugar con él al lado en los últimos meses de su carrera. Obviamente no estaba en la plenitud de su momento de esplendor de los años 80, pero igual te asombraba. Llegaba al entrenamiento y era como si todo se paralizara, y nosotros nada más mirábamos lo que hacía con la pelota, o nos quedábamos viéndolo con la boca abierta mientras clavaba otro tiro libre al ángulo. No exagero para nada: literalmente Diego podía poner la pelota donde él quisiera”, comentó.

 

Diego sabía que estaba cerca del retiro, pero aun así siguió peleando hasta el final. Se brindó al equipo a todo nivel. Incluso cuando su cuerpo ya no podía más, igual se exigía hasta el límite. Siempre quería estar ahí para vos. Es como esas películas sobre los guerreros. El guerrero pelea contra todo y contra todos, pero no lo hace para él. Lo hace para el bien de los demás. Siempre vi a Maradona de esa manera. Desde lo individual era un artista. Como compañero era un gladiador”, agregó.

 

Sobre su inolvidable gol a Perú, dijo: “Era un momento de crisis para Argentina. No ganar un Mundial, ya es bastante malo. ¿Pero ni siquiera ir a un Mundial…? Impensable. Realmente estábamos bajo mucha presión y había que salir con el cuchillo entre los dientes. Así que ahí estamos, jugando contra Perú en Buenos Aires, y diluvia. Es un clima bíblico. Hacemos un gol. Gracias a Dios, está todo dado para ganar 1-0. Y después llega el empate de Perú antes del final. Desastre. Estábamos terminados. Game over. Chau Mundial. La gente se empieza a ir del estadio, como loca, enojada. Y Diego, que había sido muy criticado en la prensa por sus tácticas, por llamar a un delantero viejo que todos creían terminado… ahora también está listo. Pero en tiempo de descuento, ganamos un córner. La pelota llega al área y me queda de frente, para que la toque rumbo a la red. Gol. Empiezo a correr como un loco, con todos los compañeros que me persiguen. El estadio explota. Diego también se manda corriendo al campo, se tira de cabeza y aterriza en el pasto mojado. Qué momento. ¡Qué noche!”.

 

Si pudiera volver el tiempo, haría lo que fuera posible para ayudar a Diego en sus últimos años. Es difícil saber realmente lo que pasó en el último tiempo para que terminara como terminó. No me gustó cómo tuvo que vivir en sus últimos dos años. Ver la figura de él deteriorándose tanto... No era el Maradona que me gustaba ver. Lo que más lamento de todo es que lo hayan dejado tan solo. No se lo cuidó. No se lo ayudó para terminar una vida que fuera digna de quien fue”, añadió.

 

“No sé cuándo voy a enfrentarme con la realidad. Quizás en algún momento tendré que aceptar que Diego se fue, del mismo modo en el que tuve que aceptar la muerte de mi hijo. Voy a tener que cruzar ese puente y decirme: ‘No está acá. No lo voy a ver nunca más’. Pero todavía no llegué a ese punto. Es demasiado doloroso, demasiado surrealista. Para mí, Diego todavía está ahí. Dios aún existe. Y de algún modo, siempre estará”, cerró.