Pymes - baja empleo

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Las empresas argentinas no logran escapar a la dura realidad económica y financiera que atraviesa el país. 

 

Con ese marco, las altísimas tasas de interés y la dura recesión en la que está inmersa la Argentina, lleva a cada vez más empresas a acelerar el pedido de concurso como un modo seguro de sobrevivir. Esta tendencia se nota mucho más con las Pyme, donde ya se dieron muchísimos cierres en lo que va del año.

 

La Oficina de Estadística del Consejo de la Magistratura dio cuenta de 961 casos de concurso preventivo de acreedores desde inicio de 2018 y para esta segunda parte del año se estima que la cantidad de cierres podría llegar a ser del doble.

 

El principal foco de la atención es la cadena de pagos. Es que las empresas con documentos por cobrar, al pagar las tasas de interés que en un banco público como el banco Provincia llegan al 94% anual más comisiones, reciben finalmente ingresos con los que no logran poder cubrir sus costos. Como es esperable, la situación complica notoriamente la relación de las firmas con los proveedores, que -dicho sea de paso- tienen el mismo problema en esta larga cadena de crisis económica.

 

Así las cosas, son muchas las empresas que apuestan a seguir con algo de vida y resto en los juzgados, ya que al entrar en concurso preventivo congela hasta por dos años los intereses de los créditos previamente contraídos y les permite renegociar con los proveedores. Esto da más oxígeno a las empresas que están al
borde de la desaparición.

 

Sin embargo, no todo es tan simple y sencillo como parece. El embargo de las cuentas, la suspensión de los contratos y las otras restricciones legales para asegurar los pagos pone a las empresas en una situación en la que se ven con las manos atadas en su operatoria y sin acceder a nuevo capital de trabajo.

 

Es sin lugar a dudas, una movida con mucho riesgo. Pero claro que la crisis interminable, no parece darle a las empresas ninguna otra opción.

 

Pero en esta difícil coyuntura, no sólo las Pyme están en peligro, sino también las grandes firmas y otras medianas. Uno de los casos más representativos de esto el de la Molino Cañuelas, que mantiene una deuda de cerca de 1.000 millones de dólares, que -por esto mismo- está en oferta pero que todavía no ha encontrado
a un comprador.

 

La caída del consumo local en primera instancia y -luego- el costo de financiamiento mucho más caro transformaron en inviables -e incluso inmanejables- a muchas empresas chicas, medianas y grandes.

 

En el caso de Persicco, la cesación de pagos fue declarada en abril pasado; mientras que en el caso de Tres Arroyos, todas sus cuentas se encuentran embargadas por deudas y para poder seguir funcionando normalmente necesita conseguir un inversor o un comprador.

 

No es sencillo el panorama que se viene. Como se ha planteado, el recurso del llamado a concurso preventivo, no es la salvación definitiva, pero al menos ayuda a que la desaparición y la consiguiente pérdida de miles de puestos de trabajo, no sea inmediata.